domingo, 29 de agosto de 2021

Agorafobia

La Agorafobia se define como:

Aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperadas o más o menos relacionada con una situación, o bien síntomas similares a la angustia, puede no disponerse de ayuda.

Los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre los cuales se incluyen:

1️⃣ Estar solo fuera de casa ,

2️⃣ Mezclarse con gente o hacer cola ,

3️⃣ Pasar por un puente,

4️⃣ Viajar en autobús, tren o automóvil. 

⛔ Generalmente, estas situaciones se evitan (por ejemplo, se limita el número de viajes), o se resiste a costa de un malestar o ansiedad significativos por temor a que aparezca una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia, o se hace indispensable la presencia de un conocido para soportarlas (conducta de seguridad). 

La agorafobia puede desarrollarse a partir de sufrir varios ataques de pánico y también puede cursar sin ataques de pánico. Además de los síntomas típicamente presentes en un ataque de pánico, la agorafobia se puede desarrollar a partir de otros síntomas físicos como: dolores de cabeza, visión de túnel o sensibilidad a la luz, espasmos musculares, problemas de retención urinaria, debilidad o fatiga, diarrea y vértigos.

Recuerda que la Terapia cognitivo conductual es el tratamiento de elección para los trastornos de ansiedad.

sábado, 7 de octubre de 2017

Atención Psicológica al niño con cáncer

Diferencia entre la oncología pediátrica y del adulto

Tanto el tratamiento médico como psicológico presenta grandes diferencias en los pacientes oncológicos afectados, dependiendo de la etapa del ciclo vital en el que se encuentran. De esta manera presentamos algunas de estas diferencias: 

- Los niños tienden a tener cánceres que se originan de células muy primitivas, relativamente simples e indiferenciadas (embrionarias) estas células pueden originar cáncer en niños debido a que pueden sufrir mutaciones (transformaciones) espontáneas, o sea que estas mutaciones genéticas no son el resultado de interacciones con el medio ambiente, sino que son resultado de un accidente genético.

- Los adultos tienden a tener cánceres que se originan de células epiteliales, células altamente diferenciadas que se encuentran en las cavidades del cuerpo o que cubren su superficie. Estos cánceres son generalmente inducidos por la interacción con el medio ambiente. De tal manera que el cáncer del adulto es usualmente adquirido.

- Hay patologías diferentes a los tipos de cáncer que en el adulto: El cáncer más frecuente en el niño es la Leucemia, que representa el 30%, mientras que en el adulto no alcanza el 5%. Los siguientes porcentajes describen los tipos de cáncer y su incidencia en esta población:

Leucemia 30%
Tumores del SNC 19%
Linfomas 13%
Neuroblatomas 8%
Sarcomas de partes blandas 7%
Tumor de Wilms 6%
Sarcomas óseos 5%
Retinoblastoma 3%
Tumores hepáticos 1%
Otros 8%

- Todos lo cánceres infantiles tienen tratamiento.

- Presentan una tasa de mayor curación.

- Los tratamientos largos y agresivos.

- Existe un aumento de necesidades y demandas.

- Los tumores que se presentan en niños y adolescentes son altamente sensibles a la quimioterapia.

A nivel emocional, debemos tomar en cuenta que el cáncer es una enfermedad socio-familiar y en el caso de los niños y adolescentes impacto y es impactado el entorno tanto familiar, como escolar y social en el cual el paciente se desenvuelve.


El impacto familiar de la enfermedad es un tema revelante, ya que tanto los mecanismos de defensa de los padres, como sus estrategias de afrontamiento afectan el impacto de la enfermedad en el niño. Así, algunas investigaciones han reportado resentimiento, sentimientos de culpa, impotencia, sobreprotección, problemas conyugales, sentimientos de culpa de los hermanos, trastornos de ansiedad y del estado de ánimo ante el diagnóstico.

Entre los objetivos de la intervención psicológica, en el caso de niños y adolescentes podemos mencionar:
- Ayudar a las familias a manejar las emociones que se puedan ir generando.
- Proporcionar una percepción real de la situación médica.
- Atención a hermanos y otros familiares que así lo necesiten.
- Coordinación con la escuela de origen.
- Inoculación al estrés.
- Evaluación psicológica continuada a lo largo de todo el proceso.
- Intervención temprana en caso de detección de alguna anomalía.
- Preparación para aquellas pruebas médicas que sea necesario realizar.
- Entrenamiento en habilidades de comunicación.
En general, se interviene desde el diseño de caso único, siendo la unidad familiar la receptora de la asistencia

La información que se les proporciona depende de su capacidad de comprensión y de su edad.

- De 0 a 3 años: Respuesta al dolor, separación y presencia de personas extrañas. Se carece del concepto de tiempo, impidiendo la comprensión de la enfermedad. Reacciones: regresión, ansiedad de separación y terrores nocturnos.




- De 3 a 5 años: Es capaz de reconocer diferentes partes del cuerpo. Existe una concepción simplista de la enfermedad, es decir, síntoma = enfermedad, si no se siente mal = noexiste enfermedad. La enfermedad es causada por factores externos o accidentes. La hospitalización bloquea la decarga física, necesaria en esta etapa. La enfermedad es percibida como castigo o rechazo de los padres. Las reacciones más frecuentes, son el negativismo y las conductas regresivas.


- De 6 a 12 años: Existe una concepción madura, del tiempo.  Así como una comprensión más compleja de la enfermedad, entendiendo la relación entre enfermedad y funcionamiento de los órganos internos. La enfermedad genera limitaciones en su desarrollo social, académico y afectivo.





- Adolescencia: Comprende la existencia de causas desconocidas de la enfermedad. Es más demandante en la información que desea recibir. Debido a las fantasías omnipotentes propias de esta etapa, el adolescente puede presentar conductas que lo exponen a riesgos. Las reacciones más freuentes son de rabia, irritación y no aceptación de las normas.







Bibliografía:

Díaz-Rubio, E. y García, J. (2007) Enfermedades Oncológicas. Consejos para pacientes. Publicaciones Permanyer. Barcelona: España.
Mesa, Cid, Del Bravo C., Angosto Pastrana M.C., Blanco Picabía A. Intervención Psicológica en unidades de Oncología Pediátrica. Phoronesis Vol nº 1/1989.
Pacheco, M. y Madero, L. (2003). Oncología Pediátrica. Psicooncología, vol 0, nº 1 pp 107-116.
Die-Trill, María. (2003). Psico-oncología. Ediciones ADES. Madrid: España.



miércoles, 5 de noviembre de 2014

ESTRATEGIAS PARA SUPERAR EL DUELO POR LA PÉRDIDA DE UN FAMILIAR



ESTRATEGIAS PARA SUPERAR EL DUELO POR LA PÉRDIDA DE UN FAMILIAR

En este apartado nos encargaremos de presentar algunas estrategias para superar el duelo por la pérdida de un ser querido. 

¿Qué es el duelo? El  duelo es una respuesta normal y natural ante una pérdida o separación. Quizás, no sería natural la ausencia de respuesta. La pérdida de un ser querido es algo que «no escogemos» y que nos convierte en «víctimas», en supervivientes involuntarios de enfermedades, tragedias y desgracias que sin duda habríamos evitado si hubiéramos podido hacerlo.

Para poder comprender la pérdida, es necesario: Reconocer su omnipresencia en la vida humana, entender y percibir que perdemos algo con cada paso que avanzamos en la vida y que todo  cambio implica una pérdida, del mismo modo que cualquier pérdida es imposible sin cambio.

El duelo se puede manifestar de las siguientes formas:
-          Sentimientos: tristeza, soledad, añoranza, ira, impotencia, shock,  culpabilidad, autorreproche.
-          Sensaciones físicas: estómago vacío, tirantez en el tórax o garganta, hipersensibilidad a los ruidos, dolor de cabeza, sentido de despersonalización, sensación de ahogo, boca seca.
-          Cogniciones o pensamientos: incredulidad, distracción, imágenes y pensamientos repetitivos, confusión, preocupación, sensación de presencia del fallecido, búsqueda de sentido, alucinaciones visuales y auditivas.
-          Comportamientos o conductas: sueño con el fallecido (su muerte o regreso), trastornos del apetito por defecto o por exceso, suspiros, conductas temerarias, aislamiento, hiperactividad, llanto, evitar o frecuentar las situaciones relacionadas con el fallecido.

¿Durante cuánto tiempo es normal lamentar la pérdida de un ser querido?: No existe un tiempo preciso para elaborar el duelo, muchos autores nos hablan de aproximadamente 2 o 3 años para la elaboración del mismo. Sin embargo, es posible que décadas después del fallecimiento del ser querido lo recordemos con sentimientos de añoranza y tristeza.
Durante los primeros días del fallecimiento, nos debatimos entre la toma de conciencia de la pérdida y la negación de la misma, pero algo que alivia el sufrimiento es el apoyo social que encontramos en nuestros amigos y familiares, sobre todo durante los rituales pertinentes al duelo. Posteriormente, es posible una caída, en donde los sentimientos de desorientación y tristeza nos invadan profundamente, ello cursa con la retirada paulatina del apoyo social percibido, ya que las personas que nos acompañan deben continuar con sus vidas. En este momento es cuando muchos acuden a religiosos, médicos, terapeutas u otros profesionales para aliviar el dolor emocional.
De manera general, durante el primer año, el funcionamiento se ve afectado en las ocasiones que tienen un mayor significado simbólico (vacaciones, cumpleaños, aniversarios de la muerte). Y durante los 2 ó 3 años posteriores, inicia el proceso de asimilación de lecciones, ver el dolor con cierta perspectiva y dedicarnos a la vida con mayor plenitud, junto con la aparición periódica de «picos de duelo», años o incluso décadas después de la pérdida.

Teorías sobre el duelo: La teorías tradicionales, aquellas que nos hablan de etapas emocionales, de alguna manera perpetúan la victimización, ya que suelen presentar a las personas que sufren pérdidas como pasivos, empujados a una experiencia que deben superar, pero sobre la que tienen poco o ningún control. Y en cierto sentido tienen razón: no podemos «escoger» sin más no estar conmocionados, enfurecidos o deprimidos por la pérdida de un ser querido. En estas teorías, el factor tiempo es crucial: “El tiempo curará sus heridas”.
Pero existe una nueva perspectiva sobre el duelo, la constructivista, señalan autores como Thomas Attig, en donde se conceptualiza el duelo como un proceso lleno de elecciones y posibilidades: Seguir o evitar – aceptar o descartar, con la finalidad de volver a aprender como es el mundo, un mundo que ha transformado la pérdida para siempre. 

“Aunque la pérdida de un ser querido es un acontecimiento que no puede escogerse, la elaboración del duelo es un proceso activo de afrontamiento lleno de posibilidades.” THOMAS ATTIG

Los desafíos del duelo: William Worden y Therese Rando han definido una serie de “tareas” que los individuos deben realizar para asimilar y superar sus pérdidas. En lugar de hablar de tareas, es mejor hablar del conjunto de “desafíos” que la persona debe afrontar, haciéndolo de maneras diferentes en función de los recursos de los que dispone y de la naturaleza de la pérdida que ha sufrido. Es importante recordar que estas “tareas” no se realizan siguiendo ningún orden predeterminado y que no es necesario «darles fin» de manera definitiva. De este modo, las pérdidas significativas plantean una serie de desafíos continuados, a los que volvemos una y otra vez en etapas posteriores del viaje de la vida.

Entre los nuevos desafíos podemos mencionar:
1. Aceptar la realidad de la pérdida: Superar la negación, comprender que las alucinaciones son eso…, evitar la “momificación” o la “minimización de la pérdida”, llegar a la aceptación intelectual y emocional.
2. Dar expresión a los sentimientos. Reconocer y trabajar el dolor. Al principio puede ser insoportable y ponemos distancia. Identificar los matices de los sentimientos y poner orden en ellos, en momentos privados o en los de compartir. El dolor compartido es menor. Nombrar lo que se siente desahoga y recordar que los sentimientos no son morales. Sin embargo, si intentamos mitigar o evitar de manera continuada los sentimientos más estresantes que despierta la pérdida,  podemos retrasar o perpetuar nuestro duelo.
Es necesario alternar periódicamente la atención a los sentimientos de tristeza, desolación y ansiedad, la reflexión sobre el desaparecido y la revisión de los recuerdos que conservamos de él, con la reorientación a las tareas domésticas y laborales más prácticas, que no sólo son algo que tenemos que hacer, sino que también son una forma de descansar de la intensa angustia que acompaña a la elaboración activa del duelo.

3. Revisar nuestro mundo de significados. La experiencia de pérdida suele minar las creencias que habían sido hasta el momento los ladrillos que sustentaban nuestra filosofía de vida. Al enfrentarnos a un mundo que puede parecernos aleatorio, injusto, o incluso malévolo, podemos responder de diversas maneras.Por ejemplo, podemos culparnos constantemente por no haber evitado la pérdida, incluso aunque los demás no nos señalen como culpables de ella, pero puede ser más fácil aceptar la culpa que abandonar  la creencia de que tenemos el poder de controlar los aspectos más importantes de nuestras vidas. También, podemos conceptualizar la pérdida como “una llamada de atención”, ofreciendo nuestro apoyo a los demás y recordándonos en el proceso a nosotros mismos que no vivimos en un mundo completamente repleto de maldad.

4. Reconstruir la relación con lo que se ha perdido: La muerte transforma la relación en lugar de ponerle fin. Durante este desafío, nos encargamos de abrazar los recuerdos y convertir una relación basada en la presencia física en otra basada en la conexión simbólica. Nuestros vínculos son reafirmados, a través de “objetos de vinculación”, como el reloj favorito de nuestro ser querido, su canción, una camisa, etc. Podemos revisarlo en el futuro, cuando la “elaboración del duelo” requiera asumir una nueva perspectiva de la pérdida. 

5. Reinventarnos a nosotros mismos: En un sentido casi literal, una parte de  nosotros muere cada vez que perdemos a un ser querido. Al revisar la filosofía que orienta nuestra vida, también nos “revisionamos” a nosotros mismos, abriendo posibilidades que antes parecían cerradas, desarrollando habilidades de intereses que habían permanecido dormidas en nuestro interior o cultivando relaciones que habíamos abandonado o no habíamos explorado.

“Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo
cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría
para poder diferenciarlas.”

REINHOLD NIEBUHR

Bibliografía:
-Neimeyer, R.A. (2002). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Barcelona: Paidós.
-Stroebe, M. S., W. Stroebe y R. O. Hansson (comps.) (1993), Handbook of bereavement, Cambridge, England, Cambridge University Press.
-Thomas Attig, Anticipatory mourning and the transition to loving in absence. In Clinical Dimensions  of Anticipatory Mourning: Theory and Practice in Working with the Dying, Their  Loved Ones, and Their Caregivers, ed. Therese Rando (Champaign, Illinois: Research Press, 2000: 115-133.
-Thomas, L.V. (1991) La muerte: Una lectura cultural (1ra. Ed.) Madrid: Editorial Paidos.

domingo, 9 de marzo de 2014

REVISTA SONRISAS
BREVE RESEÑA SOBRE EL SERVICIO DE PSICOONCOLOGÍA
ASOCIACIÓN VENEZOLANA DE PADRES DE NIÑOS CON CÁNCER
HOSPITAL J.M. DE LOS RÍOS
CARACAS-VENEZUELA

PSICOONCOLOGIA, TERAPIA DEL ALMA

Artículo publicado en  http://calidaddevida.com.ve


 La psicooncología es un campo interdisciplinar de la psicología y las ciencias biomédicas cuyo objetivo es la prevención, diagnóstico, evaluación, tratamiento, rehabilitación, cuidados paliativos y etiología del cáncer. También se ocupa de las mejoras en las habilidades de comunicación y de la interacción entre los profesionales de la salud, así como de la optimización de los recursos para promover servicios oncológicos eficaces y de calidad (1).
De esta manera la psicooncología es una disciplina que se ocupa de mejorar la calidad de vida de los pacientes oncológicos, sus familiares y cuidadores, atendiendo tanto sus respuestas psicológicas, aspectos sociales y conductuales a lo largo de todo el proceso de enfermedad.
El diagnóstico e incertidumbre que conlleva la enfermedad oncológica trae consigo una serie de reacciones emocionales asociadas al duelo por pérdida de la salud. Por lo que el cáncer al inmiscuirse en nuestras vidas, hace tambalear todos nuestros pilares como lo son la identidad, el círculo familiar y de amigos, trabajo y/o escuela y nuestras creencias religiosas y vida espiritual.
Frecuentemente la primera reacción del paciente y de los familiares puede ser de dolor, ira, tristeza… e incluso negación de estas emociones. Durante el proceso de adaptación a esta nueva realidad podemos encontrar diferentes etapas, entre las cuales podemos mencionar:
La persona puede encontrarse bloqueada o perdida, con dificultades para asimilar el diagnóstico, ello también se traduce en frecuentes momentos de confusión e hipersensibilidad.
Asimismo, aparece la incredulidad o negación, que son sentimientos relacionados con la búsqueda de un porque, dicha respuesta puede dirigirse hacia sí mismos o hacia alguna persona.
El miedo es una respuesta ante lo desconocido y muchas veces paraliza, por lo que en lugar de que el paciente actúe en su propio beneficio, existe un incremento de la ansiedad.
Es posible que aparezca temor al rechazo, que es uno de los miedos más frecuentes y está relacionado con sentirse una carga o ser dependientes, esto último dificulta la comunicación y la expresión emocional e incrementa la tendencia al aislamiento.
Debemos recordar como señala Eric Cassell, en uno de los artículos más relevantes con respecto a la ética en el trabajo como profesionales de la salud que “los que sufren no son los cuerpos si no las personas” (2), por lo que la atención a los factores emocionales es fundamental y resulta en una dinámica de colaboración exitosa entre el paciente y los profesionales de la salud.
Bien decía Gregorio Marañón, famoso médico español, que el mejor instrumento del médico es la silla, y en el caso de la enfermedad oncológica el énfasis en esta frase debe materializarse aún más, ante la presencia de vulnerabilidad e invalidez.
El sufrimiento que está asociado a la amenaza de pérdida y no solo al malestar físico, sino también espiritual tiene que ser atendido. De esta manera tenemos que “el sufrimiento es una respuesta negativa inducida por el dolor pero también por el miedo, la ansiedad, el estrés, la pérdida de personas u objetos queridos y otros estados psicológicos” (3).
Existen necesidades psicosociales y espirituales que deben ser tomadas en cuenta durante todo el transcurso de la enfermedad. En primer lugar, existe la necesidad de una comunicación clara, veraz, tranquilizadora y personalizada. Asimismo, esta debe proveer sensación de control tanto para los familiares como al paciente, quien es el pilar fundamental durante el tratamiento.
La necesidad de mantener la esperanza es esencial, incluso para la adherencia al tratamiento, la cual durante todo el proceso va adquiriendo un nuevo sentido. En un inicio la esperanza se fija en la curación, pero cuando ya no hay cura, la esperanza es que la enfermedad avance lentamente. Cuando avanza, es minimizar el sufrimiento y si continua, la esperanza es morir en paz (4).
También observamos otras necesidades como la de ser reconocido como persona, de releer la vida y encontrarle un significado al momento actual. En este último caso, el paciente se pregunta acerca del sentido de la enfermedad en su vida y ante lo cual es importante mantener una actitud de acogida y empatía, comprendiendo la biografía de ese ser humano que tenemos delante de nosotros.
La única manera de satisfacer estas necesidades psicosociales y espirituales es a través del contacto humano, por lo que la intervención multidisciplinaria es fundamental. Así como prepararnos nosotros mismo, como profesionales de la salud para manejar nuestros duelos y poder estar allí de manera efectiva para el otro.
Bibliografía:
(1) Cruzado, J.A. Tratamiento psicológico en pacientes con cancer. 1era ed. Madrid: Síntesis; 2010
(2) Cassell, E. J. (1982) The nature of suffering and the goals of medicine, The New England Journal of Medicine, 306, pp. 639-645.
(3) Loeser J.D, Melzack R. Pain: An overview. Lancet 1999; 35: 1607-09.
(4) Ferrado M, Celis B. Saber la verdad, ayuda a morir. El País, 19 de junio de 2008; 34-5.

sábado, 5 de octubre de 2013

COUNSELLING: TECNOLOGÍA DE COMUNICACIÓN EN EL ÁMBITO DE LA SALUD




COUNSELLING: TECNOLOGÍA DE COMUNICACIÓN EN EL ÁMBITO DE LA SALUD

El presente taller tiene como objetivo brindar herramientas y generar un espacio de reflexión a los participantes que les permita trabajar sus actitudes y conocimientos con la finalidad de favorecer un encuentro real y cordial entre el paciente y sus familiares, para aliviar en lo posible la experiencia de sufrimiento.

Contenido:

- Identificación de situaciones “difíciles”. Autodescubrimiento ante el sufrimiento.

-Breve reseña del counselling como herramienta de trabajo.

- Criterios para realizar un adecuado y efectivo counselling.

- Identificando mis niveles de comunicación.

- Contestando preguntas “difíciles”.

- Reacciones emocionales esperadas en el paciente y su manejo. La autorregulación emocional.

Metodología: Activa y participativa, exposición del contenido, ejercicios prácticos grupales y de role-playing sobre la base de situaciones “difíciles” frecuentes que se presentan en el hospital o en consulta con pacientes y sus cuidadores con enfermedades crónicas y al final de la vida. Asimismo, se presentarán videos.

Facilitadora: MSc. Liana Pérez Rodríguez Licenciada en Psicología (UCAB) y Magister Scientiarum en Psicooncología (Universidad Complutense de Madrid). Ha sido becaria en varias oportunidades de la Fundación Carolina (España). Posee amplia experiencia en atención a pacientes oncológicos hospitalizados así como a sus familiares, en centros de salud públicos y privados en España y Venezuela, mediante el uso del enfoque cognitivo-conductual y del modelo de counselling. Igualmente, posee experiencia en cuidados paliativos y apoyo familiar al paciente al final de la vida. Actualmente, labora en la Asociación Venezolana de Niños con Cáncer en el Hospital J.M. de los Ríos.

Dirigido a: Psicólogos, enfermeras, médicos, docentes y demás personal hospitalario y organizaciones que trabajen con pacientes con enfermedades crónicas y al final de la vida.

Fecha: Domingo, 13 de octubre de 2013. Duración: 5 horas académicas de 8:30 a.m a 01:30 p.m.

Lugar: Edif. “For You”. Piso 8. Ofic. 8B, en este edificio se encuentra también la embajada de Costa Rica y queda diagonal a la Plaza Francia de Altamira. Municipio Chacao.

Inversión: Estudiantes: 450 BsF. Profesionales: 500 BsF. (incluye IVA)

Incluye: Material de apoyo adicional (que se enviará vía mail), material impreso, refrigerio y certificado de asistencia.

Para mayor información: Llamar al teléfono (0412)3036009 para confirmar su asistencia.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Salud



18/10/2012 12:37:00 p.m.

Una solución es la reconstrucción mamaria



Recomendaciones para superar emocionalmente la mastectomía

El tratamiento del cáncer de mama puede conllevar a la extirpación parcial o total de la glándula, lo cual podría ser traumático para la paciente. Sin embargo, los lineamientos de la psicooncología ayudan a que salga fortalecida de esta situación (Archivo / )



Tweetel-nacional.com



Caracas, 18 de octubre de 2012.- La mujer que se enfrenta al diagnóstico de cáncer de mama tiene que afrontar no sólo el miedo de padecer una enfermedad que puede ser mortal, sino que comienza a atravesar un camino de toma de decisiones, referentes a los cambios corporales que vienen con los diferentes tratamientos para eliminar las células malignas.



Entre las reacciones emocionales más comunes ante la enfermedad, según la psicooncóloga Liana Pérez, se encuentran la negación, la depresión, la culpa y el miedo a la reaparición de la enfermedad.



El cambio más notorio que estas mujeres deben asumir es resultado de la mastectomía, que es la intervención quirúrgica que tiene como objetivo extraer el tumor, mediante la remoción total o parcial de la glándula mamaria.



Ante la pérdida de uno o ambos senos, la paciente puede experimentar cambios en la percepción que tiene sobre su propio cuerpo, ver comprometida su feminidad, tener dificultades en su vida sexual, desarrollar pensamientos obsesivos referentes a esa zona del cuerpo, e incluso, optar por conductas de escape, que podrían traducirse en fobia social.



Una de las soluciones más comunes ante la mastectomía, es la reconstrucción mamaria.



Pérez dice que esta decisión debe ser tomada tanto por el médico, que tiene la responsabilidad de explicarle a la paciente las implicaciones de cada opción, como por la mujer, luego de haber sido acompañada y evaluada por un profesional de la salud mental.



Allanar el terreno . Según el enfoque cognitivo conductual, una mujer que ha pasado por una mastectomía debe trabajar tanto sus emociones como sus actitudes, comportamientos y creencias con respecto a su situación y hacer los ajustes necesarios.



Pérez explica que la intervención psicooncológica se enfoca en el manejo de la autoimagen corporal. De allí, se realizan exploraciones para conocer el significado y la valoración que le da la paciente a sus senos. En algunos casos, las mujeres mastectomizadas tienden a maximizar la percepción a esa zona del cuerpo, lo que obstaculiza encontrarse atractiva, no sólo por la ausencia de la mama, sino además por la cicatriz. El objetivo es lograr que la mujer encuentre otras formas de sentirse femenina, que se enfoque hacia otras partes de su cuerpo y explore nuevas formas de encontrar satisfacción sexual.



Ser autocríticas. En aras de que la mujer potencie sus recursos de afrontamiento, se le invita a regular el autodiálogo. Según Pérez, las pacientes pueden ser muy autocríticas y dejarse invadir por pensamientos negativos de sí mismas y de la enfermedad. Es importante hacerles ver, en cambio, los aspectos positivos de la mastectomía, es decir, relacionar este hecho con la vida, con la valentía y con la salud. Igualmente, se le puede entrenar para que haga aproximaciones sucesivas hacia esa zona ­mirar, tocar, involucrar a la pareja­, de manera que se facilite la aceptación.



Las personas que rodean a la paciente son una fuente infinita de ayuda. Por un lado, una pareja comprensiva, que le haga saber que su valía no está sólo en sus senos, es más nutritiva que otra que se queda estancada en el miedo. Por otro, los grupos de apoyo sirven para que la paciente escuche y comparta experiencias y sentimientos.



Publicado en NOTITARDE.COM http://www.notitarde.com/Salud/Recomendaciones-para-superar-emocionalmente-la-mastectom%C3%ADa-/2012/10/18/140051

domingo, 14 de julio de 2013

Consejos para la visita médica

La mejor manera de llevar un buen control sobre la salud de su familiar y mejorar la comunicación con su médico es mantener una actitud activa. Las siguientes recomendaciones tienen como finalidad orientar y facilitarle de alguna manera esta parte del cuidado.

Lleve la historia clínica y manténgala al día.

Haga preguntas. Escriba sus preguntas para que las pueda recordar. Haga la pregunta más importante primero.

Repita las respuestas que escuchó para asegurarse de que las haya comprendido. Escríbalas.

Tal vez quiera que alguien le acompañe para ayudarle a hacer las preguntas. Esta persona también le puede ayudar a entender y/o recordar las respuestas. Pida que su doctor le explique usando dibujos si esto le ayuda a entender mejor.

Sea sincero con respecto al tratamiento, síntomas, historial médico, dudas y emociones. Diga la verdad así podrán ayudarle.

Pídale al médico instrucciones escritas para continuar el tratamiento en el hogar.

Asegúrese de mantener y llevar al médico una lista de TODOS los remedios que toma el paciente.

Lleve usted una AGENDA acerca de las citas, inicio y culminación de los tratamientos. Asimismo, si utilizas los servicios de la Seguridad Social ten en cuenta los lapsos de tiempo necesarios para realizar los trámites, búsqueda de medicamentos, entre otros.

Recopilación realizada por: MSc. Liana Pérez Rodríguez.

PROBLEMAS PSICOLÓGICOS. OBJETO DE INTERVENCIÓN EN PSICOONCOLOGÍA

La atención psicológica va dirigida tanto a los pacientes como a los familiares, ya que el paciente no suele estar solo, sino acompañado por su familia, y no solo sufre el paciente sino también sus seres queridos.



Al tener presente las diferencias individuales y la particularidad de cada situación, es relevante la exploración inicial para determinar que síntomas, estímulos, situaciones o estados concretos son percibidos por el paciente y/o su familia como una amenaza intensa. Esta percepción actual esta determinada por vivencias pasadas, estilos de afrontamiento, redes sociales, características de personalidad, así como también del tipo de tumor, estadio y otras variables.



Problemas de los pacientes

Se especificarán las problemáticas más frecuentes durante la realización de nuestras prácticas:



A nivel fisiológico:

• Insomnio,

• Pérdida del deseo sexual,

• Tensión muscular,

• Debilidad,

• Fatiga,

• Pérdida de peso,

• Náuseas y vómitos,

• Malestar estomacal,

• Caída de pelo,

• Mareos,

• Fiebre,

• Dolor.

La mayoría de estos síntomas o problemas fisiológicos aparecen como consecuencia de los tratamientos implementados para curar o mantener controlada la enfermedad.



A nivel cognitivo:

• Sentimientos de inutilidad y vulnerabilidad personal,

• Dificultades en la toma de decisiones,

• Anticipación de situaciones amenazantes,

• Percepción de rechazo ante su imagen corporal,

• Creencias inadecuadas (especialmente frente al cáncer y los tratamientos),

• Presencia de criterios desajustados de evaluación de actividad (catastrofismo, negativismo, universales de todo o nada),

• Uso excesivo de la negación, como estrategia de afrontamiento.

• Dificultad de atención y concentración,

• Indefensión,

• Sensación de pérdida de control,

• Percepción de constates amenazas a la autoestima,

• Presencia de ideas recurrentes relacionadas con la muerte,

• Uso de la preocupación ansiosa como estrategia de afrontamiento,

• Pensamientos automáticos desajustados y recurrentes.



Estos problemas cognitivos se asocian con la pérdida real de la salud, la conciencia de enfermedad grave y la presencia de las alteraciones fisiológicas anteriormente descritas. Asimismo están relacionadas con la hospitalización, tratamientos, características previas de personalidad y vivencias anteriores, como también con la modificación de los roles sociales y estilos de vida anteriores a la enfermedad.



A nivel socio-emocional:

• Modificación de la actividad cotidiana,

• Estado de ánimo inadecuado para afrontar situaciones de amenazas (ansiedad, tristeza, hostilidad, miedo, culpa, negación, retraimiento),

• Miedo al dolor, a la pérdida de autonomía funcional, a ser una carga, a lo desconocido durante el proceso, temor a los fallos técnicos,

• Presencia de estados emocionales y conductas relacionadas con duelos (dejar de estar sano, cambio de actividades, cambio de las relaciones, estilo de vida, pérdida de ciertos roles sociales, etc.),

• Falta de estímulos, de relaciones sociales.



A nivel conductual:

• Dificultades en las habilidades sociales,

• Falta de actividad física, con la consecuente pérdida de masa muscular, que incapacita aún más a llevar a cabo cualquier tipo de movimiento. Repercute directamente en el cansancio, temblores y sensación de inestabilidad o de pérdida de equilibrio.

• Disminución de las conductas de auto- cuidado y arreglo personal,

• Evitación o disminución del contacto con actividades distractoras y/o gratificantes,

• Aumento de sobreprotección de los cuidadores,

• Evitar comer ciertos alimentos,

• Dificultades en la adherencia al tratamiento.



Es de importancia mencionar que, en primer lugar, para realizar cualquier tipo de intervención con el paciente, se deben controlar los síntomas físicos, como primordial el dolor y una vez realizado esto es cuando el paciente se encuentra en posición de involucrarse en la intervención e identificar los asuntos que desea mejorar, así como asumir los temores más profundos y tratar de enfrentarlos, promoviendo una manera más adaptativa de confrontar la situación actual.









Problemas de los familiares



El impacto de la enfermedad afecta profundamente los contextos psicológicos, sociales y culturales del sistema familiar. De esta manera, aún cuando el enfermo es quien recibe las consecuencias físicas de esta dolencia y de su tratamiento, las consecuencias psicosociales repercuten en todo el sistema familiar.



Es necesario considerar las características de cada familia, ya que algunas son más vulnerables que otras al impacto de los estresores que se activan a raíz de la enfermedad y sus tratamientos. Así, una enfermedad crónica como el cáncer plantea demandas adicionales sobre el sistema familiar completo.



A continuación plantearemos algunas las problemáticas más frecuentes observadas durante el ejercicio de nuestras prácticas:

• El sistema familiar en su totalidad, colocando en posición relevante al cuidador (res) puede manifestar agotamiento físico y emocional, labilidad emocional, depresión, trastorno de ansiedad, problemas de conducta de consumo abusivas, alteraciones en el sueño, alteraciones en el apetito y peso, síntomas hipocondríacos, conducta dependiente, problemas laborales, etc.

• Es de importancia tomar en consideración el lugar o rol del paciente en la familia, ya que generalmente existe un cambio de roles. Así, si la afectada es la madre, probablemente el cónyuge y sus hijos tendrán que asumir las tareas domésticas durante el tiempo que dure la administración de los tratamientos.

• La conspiración al silencio, que se define como “un acuerdo implícito o explícito de alterar la información al paciente por parte de familiares, amigos y/o profesionales sanitarios con el fin de ocultarle el diagnóstico y/o pronóstico y/o gravedad de la situación” (Arranz, Barbero, Barreto, y Bayés; 2003).

• Con respecto a las relaciones de pareja, se hace recurrente el temor a la ruptura. La falta de comunicación, la dificultad en las relaciones sexuales, la tristeza y los sentimientos de impotencia en el cónyuge sano pueden explicar este problema.

• Diversos estudios demuestran que la prevalencia de trastornos emocionales (básicamente ansiedad y depresión) es la misma en familiares de pacientes que en los propios afectados. Es por ello que se suele denominar al familiar paciente “de segundo orden”. Además, tiene la presión del entorno de no desahogarse de su sufrimiento. Se supone que tiene que ser “fuerte” y aguantar la dolorosa situación de tener un familiar con cáncer.

• Muchas familias se aíslan del entorno a raíz de la experiencia desagradable. Así, el aislamiento social es algo relativamente frecuente tanto en el paciente como en su familia. La enfermedad “gasta” sus energías en atender las nuevas necesidades creadas, por la enfermedad y el tratamiento.

• Claudicación familiar, ello hace referencia a la incapacidad de los miembros de la familia para ofrecer una respuesta adecuada a las necesidades del paciente y puede resultar en el abandono emocional del paciente y ausencia o deterioro en los cuidados prácticos del mismo.

• Duelos familiares, estos hacen referencia a la pérdida de la salud de uno de sus miembros, pérdida de roles y pérdida real del paciente.

HERRAMIENTAS DE AUTOCUIDADO PARA PERSONAL DE ENFERMERÍA

Es necesario establecer estrategias de auto-cuidado, ya que en nuestro rol como “cuidadores” podemos “quemarnos”.

Los cuidadores son “aquellas persona que asisten o cuidan a otra afectada de cualquier tipo de discapacidad, minusvalía o incapacidad que le dificulta o impide el desarrollo normal de sus actividades vitales cotidianas o de sus relaciones sociales”.

Existen dos tipos de cuidadores, veamos:

Los cuidadores informales: Son las personas que no pertenecen a ninguna institución sanitaria ni social y que cuidan a personas. No poseen capacitación, no son remunerados. Afecto y atención sin límites. Familiares, amigos, voluntarios...

Los cuidadores formales: Son profesionales que prestan servicios de asistencia de larga duración como empleados de un organismo público o privado, ya sea en instituciones medicalizadas o a domicilio. Poseen capacitación “teórico-práctica” y son remunerados. Enfermeras, auxiliares de enfermería, terapeutas ocupacionales, médicos, psicólogos…

Como podemos observar nosotros pertenecemos a este último grupo, en el cual es posible que por diversas variables presentemos el llamado síndrome de burnout.

Este síndrome es definido como la “respuesta al estrés laboral crónico, integrada por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado.”

Esta respuesta al estrés crónico se encuentra conformada por diferentes aspectos:

1.- Despersonalización desadaptativa: Falta de sensibilidad y dureza, actitud crítica y sarcástica, uso de etiquetas despectivas, hacer sentir culpable a los demás, ideación de perjuicio.

2.- Baja realización personal en el trabajo: Disminución de la autoestima, sentimiento de incompetencia profesional, falta de satisfacción laboral, conflictos entre compañeros y superiores, evitación del contacto interpersonal.

3.- Agotamiento Emocional y Físico: Agotamiento emocional, no poder dar más de sí mismo, irritabilidad, ansiedad.





Como mencionamos anteriormente existen múltiples variables que generan la aparición del síndrome entre las cuales podemos mencionar:

1.- Estresores laborales: Discrepancia entre las demandas y los recursos que disponemos para realizar nuestro trabajo.

2.- El estrés percibido: Referido a aquello en el medio que percibimos en el medio como una amenaza, pérdida, un daño o un reto.

3.- Nuestros atributos personales: Que se refiere a nuestras estrategias de afrontamiento al estrés.

4.- La respuesta al estrés: Entre las cuales se encuentra el síndrome de burnout.

Estas variables y la presencia, como consecuencia del síndrome de burnout, tienen consecuencias tanto a nivel individual como organizacional.

Como personal de enfermería, algunas características de nuestro trabajo hacen que seamos más proclives a presentar el síndrome, entre algunas de ellas podemos mencionar:

 Estar en contacto directo con el sufrimiento, dolor y muerte.

 Duras condiciones de organización del trabajo: turnos horarios o nocturnos.

 Falta de autonomía.

 Escasa remuneración económica.

 Desempeño de roles ambiguos.

 Tratar con familiares negadores.

 Se establecen lazos afectivo-emocionales con los pacientes.

Como estrategias de auto-cuidado, proponemos el aprendizaje de técnica de respiración abdominal, relajación y visualización.

Jacobson proponía un sistema muy efectivo, en esencia podemos resumir que su método se basaba en:

1.- Concentración de la atención en un grupo muscular.

2.- Tensión de ese grupo muscular, sin dolor, y mantener la tensión entre 20 y 30 segundos.

3.- Relajación de la musculatura, prestando atención a la sensación que se produce.

Grupos musculares en los que se puede utilizar el método de Jacobson, pues prácticamente todos, aunque hay un orden establecido:

1.- Mano derecha o izquierda, luego proseguiremos con la otra, y así con todos los demás ejercicios.

2.- Antebrazo y brazo derecho, deltoides.

3.- Espalda dona dorsal, zona lumbar.

4.- Cuello.

5.- Rostro. Ojos.

6.- Zona anterior del tronco y abdomen.

7.- Pie derecho.

8.- Pantorrilla derecha.

9.- Muslo derecho.

Es preciso proponerse disfrutar de la fase de relajación muscular, prestar atención a como la relajación se produce, y como aparece una disminución de la tensión psíquica.

Una vez finalizados los ejercicios podemos quedarnos unos momentos disfrutando de la sensación de relax que acompaña su práctica, podemos realizar unas respiraciones tranquilas mientras tomamos conciencia de nuestro estado de calma, luego abrimos y cerramos las manos con cierta intensidad, realizamos un par de respiraciones más intensas y abrimos los ojos. Dando por finalizado el ejercicio de relajación.

Entre algunos consejos para evitar el agotamiento y prevenir el síndrome tenemos:

 Desarrolla un sistema de apoyo de amigos y familiares. No te aísles!

 Ten válvulas de escape. Lee libros, inicia un proyecto o desarrolle un pasatiempo, trata que sean actividades en grupo.

 Toma descansos frecuentes. Una caminata breve durante la hora del almuerzo, invita a una(o) o más compañeras (os) de trabajo.

 Da prioridad a tus días con una lista de actividades. ¡Recuerda anotar los momentos para ti!

 Diviértete a diario. Invita a tus amigos a ver una película que te guste, juega con sus hijos o pasa tiempo con gente que te haga reír.

 Ríete de ti mismo: ¡sorpréndete aprendiendo algo nuevo!

Reflexiones sobre psicooncología

REFLEXIONES

“La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Sólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior”. Epicteto
Parece oportuno empezar esta reflexión con la frase de Epicteto, porque cuando hablamos de cáncer sabemos que hay cosas que están bajo nuestro control y que podemos hacer algo para cambiar y mejorar pero hay otras cosas que se nos escapan todavía de nuestras manos.
La mayoría de las personas nos hemos topado alguna vez con la enfermedad del cáncer, ya sea de una manera más directa, un familiar o un amigo cercano, o más lejana, un conocido. Cuando alguien te dice tal persona padece cáncer, la mayoría de nosotros o todos, lo vemos como algo horrible, como algo cercano a la muerte, un tabú todavía en nuestra sociedad. Es verdad, que hemos cambiado mucho, se ha evolucionado enormemente y hoy en día existen muchos tratamientos para el cáncer y no estamos demasiado lejos, aunque tampoco demasiado cerca, de convertir el cáncer en una enfermedad crónica.
Cuando uno se empieza a meterse en este mundo y se acerca a la planta de oncología de un hospital, pasan muchas cosas por la cabeza. Y aquí es donde empieza nuestra historia.
Hacer una reflexión sobre lo que se ha vivido durante estos meses no es una tarea fácil porque se entremezclan muchos sentimientos, de compasión, de rabia, de tristeza, de miedo, de impotencia, a la vez que otros muchos sentimientos de cariño, de comprensión, de respeto, de amor. Uno se encuentra ante personas que sufren y son personas que tienen una biografía compleja, no son solo personas enfermas, vienen con todo un bagaje que les va a ayudar a enfrentarse a su enfermedad, al miedo, al dolor y a plantearse el sentido de su propia existencia. Pero estas personas, por lo general no están solas, están acompañadas de familiares y amigos.
Por lo tanto, a la hora de tratar a estas personas hay que tener en cuenta algo fundamental: no tratamos con personas enfermas, tratamos con personas con una biografía, con una historia pasada, presente y futura, que tienen unas relaciones con otras personas y que además, tienen una enfermedad.
El decir esto es porque cuando uno entra en la habitación del hospital y ve a la persona, observa que muchas veces sus preocupaciones no son tanto la enfermedad en sí, como otros problemas que se suman. Y algunas veces las personas no tienen tanto miedo al hecho de morir como al hecho del dolor y del sufrimiento suyo y de sus seres queridos.
Pero no se puede generalizar porque cada persona es un mundo y cada persona como venimos diciendo hasta hora, vive este proceso que le ha tocado vivir según sus propias estrategias que ha ido utilizando a lo largo de su vida cuando se ha tenido que enfrentar a otros problemas.
Lo que si se puede observar es que la mayoría de las personas necesitan desahogarse, hablar, sentirse escuchados y comprendidos. Porque no se pueden desahogar con sus familiares y sus seres queridos para no hacerles sufrir más, porque saben que lo pasan muy mal. Además, muchas veces cuando las personas viven situaciones tan adversas se les imposibilita percibir y hacer uso de sus recursos.
El trabajo del psicooncólogo, por tanto, iría, en principio encaminado en esta dirección, desde la empatía, el respeto y sabiendo que está con una persona con una historia de vida, su propia historia de vida, escuchar activamente, validar y comprender su sufrimiento y el de sus seres queridos. Las técnicas del counselling, si son importantes en la vida en general, y con todos los pacientes, más aún lo son con estas personas.
Asimismo, “cuidar” y promover los recursos que los pacientes poseen, y no pueden acceder en el momento, debido al impacto causado por el diagnóstico u otros padecimientos físicos relativos a la enfermedad en sí misma y a los tratamientos, que deriva en desmolarización.
Una paciente en recidiva de un cáncer de mama puede ver su esperanza pérdida, y sus ilusiones en los tratamientos que hasta ahora se proponían como terapéuticos; y puede que incluso los médicos confirmen esta desilusión, y hablen de tratamientos sintomáticos o paliativos. Pero entre el diagnóstico y la propuesta médica ¿qué encontramos? Que el paciente habla, llora, demanda, espera …y otro, el médico y el psicólogo, que también habla, y escucha. Ese tiempo que se abre es un tiempo para comprender, que contiene en sí la posibilidad de instaurar la comunicación terapéutica, que no se agota en la mera información…ahí se abre un tiempo de escucha. Esta ha sido nuestra orientación.
Y partiendo de este punto, sin intrusismo, respetando siempre sus necesidades y su visión de la vida, con solo la intención de ayudar, acompañar, apoyar y ayudarle en su proceso, se puede empezar a trabajar. Que utilicen las estrategias que venían utilizando hasta ahora y les servían, reforzar esas técnicas y enseñar otras que les pueden ser útiles y que les pueden ayudar. Técnicas de visualización, de respiración y de relajación pueden ser muy útiles y herramientas de apoyo. Y se pueden utilizar otras muchas estrategias cognitivo-conductuales para determinados problemas, efectos secundarios de la quimioterapia, alteraciones del ánimo, ansiedad, control del dolor… problemas a lo mejor puntuales pero que le pueden ayudar en un momento determinado pero de las que pueden echar mano siempre que las necesiten con otros problemas a lo largo de su vida.
Muchas de estas personas no tienen una psicopatología como la que se puede encontrar en la clínica, pero si se pueden encontrar procesos de estrés, depresión y ansiedad fundamentalmente. Otras personas ya vendrán con una historia de psicopatología a la que se une ahora la enfermedad.
Hay que tener en cuenta que para trabajar con estas personas, el psicooncólogo debe ser ecléctico y no tener una única orientación (cognitiva-conductual, humanista, psicoanalista, sistémica, gestáltica…), sino ir adaptándose a lo que vaya necesitando la persona, ya que en un momento determinado del proceso de su enfermedad puede necesitar un tipo de ayuda y en otro momento otro. Porque, al fin y al cabo, el cáncer es un proceso muy largo donde la persona tiene que pasar por muchos momentos, unos mejores y otros peores, y las necesidades van cambiando. El cáncer es un proceso donde se van perdiendo muchas cosas, y por tanto, es un proceso también de duelo, se pierde la salud y poco a poco se pueden ir perdiendo facultades, hay actividades que realizaban antes y ya no pueden hacer, a menudo tienen que pasar por operaciones muy duras, y todo con la incertidumbre si conseguirán seguir viviendo o no. Y nos encontramos que algo fundamental es el control del dolor. Hay personas que dicen que cuando tienen dolores fuertes se desesperan e incluso desean morir, sin embargo, si tienen controlado el dolor, pueden animarse y seguir luchando. Lo primero y esencial es que la persona no tenga dolor.
Y no solo la persona enferma tiene que pasar por estas fases, también están los seres queridos, los familiares, que también tienen sus propias necesidades. Porque a veces se desviven por estar con su familiar y se olvidan de ellos, y no hay que pasar por alto que para poder cuidar hay que cuidarse primero uno mismo. Sentimientos de culpa, de impotencia, de tristeza, de miedo, son frecuentes en los familiares. A veces necesitan proteger a su ser querido para que no sufra, y pueden llegar a querer ocultarle lo que le pasa, metiéndose en un proceso de conspiración del silencio, a veces difícil de trabajar y romper.
Y cuando para algunas personas, se les acerca el final, es muy importante trabajar con ellos el proceso de la despedida de sus seres queridos, el proceso de plantearse su propia existencia y el proceso de duelo de sus familiares. Hay personas que se ponen metas muy cortas. Una persona indicaba que le gustaría llegar a conocer a su nieta, que estaba a punto de nacer. Otra persona indicaba que le habían puesto “fecha de caducidad” y quería poder pasar las navidades.
Y muchas veces nos encontramos con los problemas de duelo en los familiares, porque a lo mejor no es el único familiar que han perdido y no han resuelto bien ese duelo y ahora se enfrentan a uno nuevo.
De esta manera, los encontramos “cara a cara” con la inexorable muerte, que como fenómeno natural, universal y único, es una continuación de la vida y entra entre los temas de reflexión tanto para los pacientes como para el personal sanitario, lo que generalmente es una situación incómoda para ambos. Desde nuestra experiencia en un inicio este encuentro genera cierta ansiedad y deseos de controlar la situación, lo que de igual manera se encuentra en las verbalizaciones de los pacientes, al igual que la frustración e impotencia.
Posteriormente, con el transcurso de la enfermedad nos hemos dado cuenta que representa “un momento único” para la vida de cualquier persona, así como otros momentos de relevancia en la vida de estas personas, y el acompañamiento que podemos proporcionar con una actitud sincera, de cariño, respeto, junto con la atención espiritual y el control de síntomas, constituyen las herramientas que contamos como psicooncólogos para disminuir las angustias tanto de los familiares como de los pacientes.
Las reacciones ante la muerte son muy diferentes de una persona a otra y necesitan diferentes tipos de apoyo. Hemos visto que aceptar una pérdida puede llevar meses e incluso años. Estas respuestas van a depender de la forma en que la persona murió, sea que estuviera sola y sufriera mucho, sea que muriera en paz y rodeada de sus seres queridos. El apoyo psicológico cuando una persona se enfrenta con la muerte de un ser querido puede ayudar a esa persona a hablar sobre lo que ha sucedido, sobre la muerte y sobre los ritos que se practican inmediatamente después y que facilitan su aceptación.
Este último tema, el de la muerte es el que esta de alguna manera presente en el día a día en la planta de oncología, no solo cuando realmente sucede, sino también se presenta en los miedos, angustias tanto de los familiares, de los pacientes y del personal sanitario.
A este respecto, no queremos dejar fuera cierta reflexión realizada por Kübler - Ross en su libro “La rueda de la vida” que llamó poderosamente nuestra atención y que resume de cierta manera nuestra vivencia personal:
“Más adelante alguien me preguntaría qué me habían enseñado de la muerte todos esos moribundos. Primero pensé dar una explicación muy clínica, pero eso no iba conmigo. Mis pacientes moribundos me enseñaron mucho más que lo que es morirse. Me dieron lecciones sobre lo que podrían haber hecho, lo que deberían haber hecho y lo que no hicieron hasta que fue demasiado tarde, hasta que estaban demasiado enfermos o débiles, hasta que ya eran viudos o viudas. Contemplaban su vida pasada y me enseñaban las cosas que tenían sentido, no sobre cómo morir,
sino sobre cómo vivir.”
(Kübler-Ross, E., 1997. La rueda de la vida, p. 201).