domingo, 14 de julio de 2013

Consejos para la visita médica

La mejor manera de llevar un buen control sobre la salud de su familiar y mejorar la comunicación con su médico es mantener una actitud activa. Las siguientes recomendaciones tienen como finalidad orientar y facilitarle de alguna manera esta parte del cuidado.

Lleve la historia clínica y manténgala al día.

Haga preguntas. Escriba sus preguntas para que las pueda recordar. Haga la pregunta más importante primero.

Repita las respuestas que escuchó para asegurarse de que las haya comprendido. Escríbalas.

Tal vez quiera que alguien le acompañe para ayudarle a hacer las preguntas. Esta persona también le puede ayudar a entender y/o recordar las respuestas. Pida que su doctor le explique usando dibujos si esto le ayuda a entender mejor.

Sea sincero con respecto al tratamiento, síntomas, historial médico, dudas y emociones. Diga la verdad así podrán ayudarle.

Pídale al médico instrucciones escritas para continuar el tratamiento en el hogar.

Asegúrese de mantener y llevar al médico una lista de TODOS los remedios que toma el paciente.

Lleve usted una AGENDA acerca de las citas, inicio y culminación de los tratamientos. Asimismo, si utilizas los servicios de la Seguridad Social ten en cuenta los lapsos de tiempo necesarios para realizar los trámites, búsqueda de medicamentos, entre otros.

Recopilación realizada por: MSc. Liana Pérez Rodríguez.

PROBLEMAS PSICOLÓGICOS. OBJETO DE INTERVENCIÓN EN PSICOONCOLOGÍA

La atención psicológica va dirigida tanto a los pacientes como a los familiares, ya que el paciente no suele estar solo, sino acompañado por su familia, y no solo sufre el paciente sino también sus seres queridos.



Al tener presente las diferencias individuales y la particularidad de cada situación, es relevante la exploración inicial para determinar que síntomas, estímulos, situaciones o estados concretos son percibidos por el paciente y/o su familia como una amenaza intensa. Esta percepción actual esta determinada por vivencias pasadas, estilos de afrontamiento, redes sociales, características de personalidad, así como también del tipo de tumor, estadio y otras variables.



Problemas de los pacientes

Se especificarán las problemáticas más frecuentes durante la realización de nuestras prácticas:



A nivel fisiológico:

• Insomnio,

• Pérdida del deseo sexual,

• Tensión muscular,

• Debilidad,

• Fatiga,

• Pérdida de peso,

• Náuseas y vómitos,

• Malestar estomacal,

• Caída de pelo,

• Mareos,

• Fiebre,

• Dolor.

La mayoría de estos síntomas o problemas fisiológicos aparecen como consecuencia de los tratamientos implementados para curar o mantener controlada la enfermedad.



A nivel cognitivo:

• Sentimientos de inutilidad y vulnerabilidad personal,

• Dificultades en la toma de decisiones,

• Anticipación de situaciones amenazantes,

• Percepción de rechazo ante su imagen corporal,

• Creencias inadecuadas (especialmente frente al cáncer y los tratamientos),

• Presencia de criterios desajustados de evaluación de actividad (catastrofismo, negativismo, universales de todo o nada),

• Uso excesivo de la negación, como estrategia de afrontamiento.

• Dificultad de atención y concentración,

• Indefensión,

• Sensación de pérdida de control,

• Percepción de constates amenazas a la autoestima,

• Presencia de ideas recurrentes relacionadas con la muerte,

• Uso de la preocupación ansiosa como estrategia de afrontamiento,

• Pensamientos automáticos desajustados y recurrentes.



Estos problemas cognitivos se asocian con la pérdida real de la salud, la conciencia de enfermedad grave y la presencia de las alteraciones fisiológicas anteriormente descritas. Asimismo están relacionadas con la hospitalización, tratamientos, características previas de personalidad y vivencias anteriores, como también con la modificación de los roles sociales y estilos de vida anteriores a la enfermedad.



A nivel socio-emocional:

• Modificación de la actividad cotidiana,

• Estado de ánimo inadecuado para afrontar situaciones de amenazas (ansiedad, tristeza, hostilidad, miedo, culpa, negación, retraimiento),

• Miedo al dolor, a la pérdida de autonomía funcional, a ser una carga, a lo desconocido durante el proceso, temor a los fallos técnicos,

• Presencia de estados emocionales y conductas relacionadas con duelos (dejar de estar sano, cambio de actividades, cambio de las relaciones, estilo de vida, pérdida de ciertos roles sociales, etc.),

• Falta de estímulos, de relaciones sociales.



A nivel conductual:

• Dificultades en las habilidades sociales,

• Falta de actividad física, con la consecuente pérdida de masa muscular, que incapacita aún más a llevar a cabo cualquier tipo de movimiento. Repercute directamente en el cansancio, temblores y sensación de inestabilidad o de pérdida de equilibrio.

• Disminución de las conductas de auto- cuidado y arreglo personal,

• Evitación o disminución del contacto con actividades distractoras y/o gratificantes,

• Aumento de sobreprotección de los cuidadores,

• Evitar comer ciertos alimentos,

• Dificultades en la adherencia al tratamiento.



Es de importancia mencionar que, en primer lugar, para realizar cualquier tipo de intervención con el paciente, se deben controlar los síntomas físicos, como primordial el dolor y una vez realizado esto es cuando el paciente se encuentra en posición de involucrarse en la intervención e identificar los asuntos que desea mejorar, así como asumir los temores más profundos y tratar de enfrentarlos, promoviendo una manera más adaptativa de confrontar la situación actual.









Problemas de los familiares



El impacto de la enfermedad afecta profundamente los contextos psicológicos, sociales y culturales del sistema familiar. De esta manera, aún cuando el enfermo es quien recibe las consecuencias físicas de esta dolencia y de su tratamiento, las consecuencias psicosociales repercuten en todo el sistema familiar.



Es necesario considerar las características de cada familia, ya que algunas son más vulnerables que otras al impacto de los estresores que se activan a raíz de la enfermedad y sus tratamientos. Así, una enfermedad crónica como el cáncer plantea demandas adicionales sobre el sistema familiar completo.



A continuación plantearemos algunas las problemáticas más frecuentes observadas durante el ejercicio de nuestras prácticas:

• El sistema familiar en su totalidad, colocando en posición relevante al cuidador (res) puede manifestar agotamiento físico y emocional, labilidad emocional, depresión, trastorno de ansiedad, problemas de conducta de consumo abusivas, alteraciones en el sueño, alteraciones en el apetito y peso, síntomas hipocondríacos, conducta dependiente, problemas laborales, etc.

• Es de importancia tomar en consideración el lugar o rol del paciente en la familia, ya que generalmente existe un cambio de roles. Así, si la afectada es la madre, probablemente el cónyuge y sus hijos tendrán que asumir las tareas domésticas durante el tiempo que dure la administración de los tratamientos.

• La conspiración al silencio, que se define como “un acuerdo implícito o explícito de alterar la información al paciente por parte de familiares, amigos y/o profesionales sanitarios con el fin de ocultarle el diagnóstico y/o pronóstico y/o gravedad de la situación” (Arranz, Barbero, Barreto, y Bayés; 2003).

• Con respecto a las relaciones de pareja, se hace recurrente el temor a la ruptura. La falta de comunicación, la dificultad en las relaciones sexuales, la tristeza y los sentimientos de impotencia en el cónyuge sano pueden explicar este problema.

• Diversos estudios demuestran que la prevalencia de trastornos emocionales (básicamente ansiedad y depresión) es la misma en familiares de pacientes que en los propios afectados. Es por ello que se suele denominar al familiar paciente “de segundo orden”. Además, tiene la presión del entorno de no desahogarse de su sufrimiento. Se supone que tiene que ser “fuerte” y aguantar la dolorosa situación de tener un familiar con cáncer.

• Muchas familias se aíslan del entorno a raíz de la experiencia desagradable. Así, el aislamiento social es algo relativamente frecuente tanto en el paciente como en su familia. La enfermedad “gasta” sus energías en atender las nuevas necesidades creadas, por la enfermedad y el tratamiento.

• Claudicación familiar, ello hace referencia a la incapacidad de los miembros de la familia para ofrecer una respuesta adecuada a las necesidades del paciente y puede resultar en el abandono emocional del paciente y ausencia o deterioro en los cuidados prácticos del mismo.

• Duelos familiares, estos hacen referencia a la pérdida de la salud de uno de sus miembros, pérdida de roles y pérdida real del paciente.

HERRAMIENTAS DE AUTOCUIDADO PARA PERSONAL DE ENFERMERÍA

Es necesario establecer estrategias de auto-cuidado, ya que en nuestro rol como “cuidadores” podemos “quemarnos”.

Los cuidadores son “aquellas persona que asisten o cuidan a otra afectada de cualquier tipo de discapacidad, minusvalía o incapacidad que le dificulta o impide el desarrollo normal de sus actividades vitales cotidianas o de sus relaciones sociales”.

Existen dos tipos de cuidadores, veamos:

Los cuidadores informales: Son las personas que no pertenecen a ninguna institución sanitaria ni social y que cuidan a personas. No poseen capacitación, no son remunerados. Afecto y atención sin límites. Familiares, amigos, voluntarios...

Los cuidadores formales: Son profesionales que prestan servicios de asistencia de larga duración como empleados de un organismo público o privado, ya sea en instituciones medicalizadas o a domicilio. Poseen capacitación “teórico-práctica” y son remunerados. Enfermeras, auxiliares de enfermería, terapeutas ocupacionales, médicos, psicólogos…

Como podemos observar nosotros pertenecemos a este último grupo, en el cual es posible que por diversas variables presentemos el llamado síndrome de burnout.

Este síndrome es definido como la “respuesta al estrés laboral crónico, integrada por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado.”

Esta respuesta al estrés crónico se encuentra conformada por diferentes aspectos:

1.- Despersonalización desadaptativa: Falta de sensibilidad y dureza, actitud crítica y sarcástica, uso de etiquetas despectivas, hacer sentir culpable a los demás, ideación de perjuicio.

2.- Baja realización personal en el trabajo: Disminución de la autoestima, sentimiento de incompetencia profesional, falta de satisfacción laboral, conflictos entre compañeros y superiores, evitación del contacto interpersonal.

3.- Agotamiento Emocional y Físico: Agotamiento emocional, no poder dar más de sí mismo, irritabilidad, ansiedad.





Como mencionamos anteriormente existen múltiples variables que generan la aparición del síndrome entre las cuales podemos mencionar:

1.- Estresores laborales: Discrepancia entre las demandas y los recursos que disponemos para realizar nuestro trabajo.

2.- El estrés percibido: Referido a aquello en el medio que percibimos en el medio como una amenaza, pérdida, un daño o un reto.

3.- Nuestros atributos personales: Que se refiere a nuestras estrategias de afrontamiento al estrés.

4.- La respuesta al estrés: Entre las cuales se encuentra el síndrome de burnout.

Estas variables y la presencia, como consecuencia del síndrome de burnout, tienen consecuencias tanto a nivel individual como organizacional.

Como personal de enfermería, algunas características de nuestro trabajo hacen que seamos más proclives a presentar el síndrome, entre algunas de ellas podemos mencionar:

 Estar en contacto directo con el sufrimiento, dolor y muerte.

 Duras condiciones de organización del trabajo: turnos horarios o nocturnos.

 Falta de autonomía.

 Escasa remuneración económica.

 Desempeño de roles ambiguos.

 Tratar con familiares negadores.

 Se establecen lazos afectivo-emocionales con los pacientes.

Como estrategias de auto-cuidado, proponemos el aprendizaje de técnica de respiración abdominal, relajación y visualización.

Jacobson proponía un sistema muy efectivo, en esencia podemos resumir que su método se basaba en:

1.- Concentración de la atención en un grupo muscular.

2.- Tensión de ese grupo muscular, sin dolor, y mantener la tensión entre 20 y 30 segundos.

3.- Relajación de la musculatura, prestando atención a la sensación que se produce.

Grupos musculares en los que se puede utilizar el método de Jacobson, pues prácticamente todos, aunque hay un orden establecido:

1.- Mano derecha o izquierda, luego proseguiremos con la otra, y así con todos los demás ejercicios.

2.- Antebrazo y brazo derecho, deltoides.

3.- Espalda dona dorsal, zona lumbar.

4.- Cuello.

5.- Rostro. Ojos.

6.- Zona anterior del tronco y abdomen.

7.- Pie derecho.

8.- Pantorrilla derecha.

9.- Muslo derecho.

Es preciso proponerse disfrutar de la fase de relajación muscular, prestar atención a como la relajación se produce, y como aparece una disminución de la tensión psíquica.

Una vez finalizados los ejercicios podemos quedarnos unos momentos disfrutando de la sensación de relax que acompaña su práctica, podemos realizar unas respiraciones tranquilas mientras tomamos conciencia de nuestro estado de calma, luego abrimos y cerramos las manos con cierta intensidad, realizamos un par de respiraciones más intensas y abrimos los ojos. Dando por finalizado el ejercicio de relajación.

Entre algunos consejos para evitar el agotamiento y prevenir el síndrome tenemos:

 Desarrolla un sistema de apoyo de amigos y familiares. No te aísles!

 Ten válvulas de escape. Lee libros, inicia un proyecto o desarrolle un pasatiempo, trata que sean actividades en grupo.

 Toma descansos frecuentes. Una caminata breve durante la hora del almuerzo, invita a una(o) o más compañeras (os) de trabajo.

 Da prioridad a tus días con una lista de actividades. ¡Recuerda anotar los momentos para ti!

 Diviértete a diario. Invita a tus amigos a ver una película que te guste, juega con sus hijos o pasa tiempo con gente que te haga reír.

 Ríete de ti mismo: ¡sorpréndete aprendiendo algo nuevo!

Reflexiones sobre psicooncología

REFLEXIONES

“La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Sólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior”. Epicteto
Parece oportuno empezar esta reflexión con la frase de Epicteto, porque cuando hablamos de cáncer sabemos que hay cosas que están bajo nuestro control y que podemos hacer algo para cambiar y mejorar pero hay otras cosas que se nos escapan todavía de nuestras manos.
La mayoría de las personas nos hemos topado alguna vez con la enfermedad del cáncer, ya sea de una manera más directa, un familiar o un amigo cercano, o más lejana, un conocido. Cuando alguien te dice tal persona padece cáncer, la mayoría de nosotros o todos, lo vemos como algo horrible, como algo cercano a la muerte, un tabú todavía en nuestra sociedad. Es verdad, que hemos cambiado mucho, se ha evolucionado enormemente y hoy en día existen muchos tratamientos para el cáncer y no estamos demasiado lejos, aunque tampoco demasiado cerca, de convertir el cáncer en una enfermedad crónica.
Cuando uno se empieza a meterse en este mundo y se acerca a la planta de oncología de un hospital, pasan muchas cosas por la cabeza. Y aquí es donde empieza nuestra historia.
Hacer una reflexión sobre lo que se ha vivido durante estos meses no es una tarea fácil porque se entremezclan muchos sentimientos, de compasión, de rabia, de tristeza, de miedo, de impotencia, a la vez que otros muchos sentimientos de cariño, de comprensión, de respeto, de amor. Uno se encuentra ante personas que sufren y son personas que tienen una biografía compleja, no son solo personas enfermas, vienen con todo un bagaje que les va a ayudar a enfrentarse a su enfermedad, al miedo, al dolor y a plantearse el sentido de su propia existencia. Pero estas personas, por lo general no están solas, están acompañadas de familiares y amigos.
Por lo tanto, a la hora de tratar a estas personas hay que tener en cuenta algo fundamental: no tratamos con personas enfermas, tratamos con personas con una biografía, con una historia pasada, presente y futura, que tienen unas relaciones con otras personas y que además, tienen una enfermedad.
El decir esto es porque cuando uno entra en la habitación del hospital y ve a la persona, observa que muchas veces sus preocupaciones no son tanto la enfermedad en sí, como otros problemas que se suman. Y algunas veces las personas no tienen tanto miedo al hecho de morir como al hecho del dolor y del sufrimiento suyo y de sus seres queridos.
Pero no se puede generalizar porque cada persona es un mundo y cada persona como venimos diciendo hasta hora, vive este proceso que le ha tocado vivir según sus propias estrategias que ha ido utilizando a lo largo de su vida cuando se ha tenido que enfrentar a otros problemas.
Lo que si se puede observar es que la mayoría de las personas necesitan desahogarse, hablar, sentirse escuchados y comprendidos. Porque no se pueden desahogar con sus familiares y sus seres queridos para no hacerles sufrir más, porque saben que lo pasan muy mal. Además, muchas veces cuando las personas viven situaciones tan adversas se les imposibilita percibir y hacer uso de sus recursos.
El trabajo del psicooncólogo, por tanto, iría, en principio encaminado en esta dirección, desde la empatía, el respeto y sabiendo que está con una persona con una historia de vida, su propia historia de vida, escuchar activamente, validar y comprender su sufrimiento y el de sus seres queridos. Las técnicas del counselling, si son importantes en la vida en general, y con todos los pacientes, más aún lo son con estas personas.
Asimismo, “cuidar” y promover los recursos que los pacientes poseen, y no pueden acceder en el momento, debido al impacto causado por el diagnóstico u otros padecimientos físicos relativos a la enfermedad en sí misma y a los tratamientos, que deriva en desmolarización.
Una paciente en recidiva de un cáncer de mama puede ver su esperanza pérdida, y sus ilusiones en los tratamientos que hasta ahora se proponían como terapéuticos; y puede que incluso los médicos confirmen esta desilusión, y hablen de tratamientos sintomáticos o paliativos. Pero entre el diagnóstico y la propuesta médica ¿qué encontramos? Que el paciente habla, llora, demanda, espera …y otro, el médico y el psicólogo, que también habla, y escucha. Ese tiempo que se abre es un tiempo para comprender, que contiene en sí la posibilidad de instaurar la comunicación terapéutica, que no se agota en la mera información…ahí se abre un tiempo de escucha. Esta ha sido nuestra orientación.
Y partiendo de este punto, sin intrusismo, respetando siempre sus necesidades y su visión de la vida, con solo la intención de ayudar, acompañar, apoyar y ayudarle en su proceso, se puede empezar a trabajar. Que utilicen las estrategias que venían utilizando hasta ahora y les servían, reforzar esas técnicas y enseñar otras que les pueden ser útiles y que les pueden ayudar. Técnicas de visualización, de respiración y de relajación pueden ser muy útiles y herramientas de apoyo. Y se pueden utilizar otras muchas estrategias cognitivo-conductuales para determinados problemas, efectos secundarios de la quimioterapia, alteraciones del ánimo, ansiedad, control del dolor… problemas a lo mejor puntuales pero que le pueden ayudar en un momento determinado pero de las que pueden echar mano siempre que las necesiten con otros problemas a lo largo de su vida.
Muchas de estas personas no tienen una psicopatología como la que se puede encontrar en la clínica, pero si se pueden encontrar procesos de estrés, depresión y ansiedad fundamentalmente. Otras personas ya vendrán con una historia de psicopatología a la que se une ahora la enfermedad.
Hay que tener en cuenta que para trabajar con estas personas, el psicooncólogo debe ser ecléctico y no tener una única orientación (cognitiva-conductual, humanista, psicoanalista, sistémica, gestáltica…), sino ir adaptándose a lo que vaya necesitando la persona, ya que en un momento determinado del proceso de su enfermedad puede necesitar un tipo de ayuda y en otro momento otro. Porque, al fin y al cabo, el cáncer es un proceso muy largo donde la persona tiene que pasar por muchos momentos, unos mejores y otros peores, y las necesidades van cambiando. El cáncer es un proceso donde se van perdiendo muchas cosas, y por tanto, es un proceso también de duelo, se pierde la salud y poco a poco se pueden ir perdiendo facultades, hay actividades que realizaban antes y ya no pueden hacer, a menudo tienen que pasar por operaciones muy duras, y todo con la incertidumbre si conseguirán seguir viviendo o no. Y nos encontramos que algo fundamental es el control del dolor. Hay personas que dicen que cuando tienen dolores fuertes se desesperan e incluso desean morir, sin embargo, si tienen controlado el dolor, pueden animarse y seguir luchando. Lo primero y esencial es que la persona no tenga dolor.
Y no solo la persona enferma tiene que pasar por estas fases, también están los seres queridos, los familiares, que también tienen sus propias necesidades. Porque a veces se desviven por estar con su familiar y se olvidan de ellos, y no hay que pasar por alto que para poder cuidar hay que cuidarse primero uno mismo. Sentimientos de culpa, de impotencia, de tristeza, de miedo, son frecuentes en los familiares. A veces necesitan proteger a su ser querido para que no sufra, y pueden llegar a querer ocultarle lo que le pasa, metiéndose en un proceso de conspiración del silencio, a veces difícil de trabajar y romper.
Y cuando para algunas personas, se les acerca el final, es muy importante trabajar con ellos el proceso de la despedida de sus seres queridos, el proceso de plantearse su propia existencia y el proceso de duelo de sus familiares. Hay personas que se ponen metas muy cortas. Una persona indicaba que le gustaría llegar a conocer a su nieta, que estaba a punto de nacer. Otra persona indicaba que le habían puesto “fecha de caducidad” y quería poder pasar las navidades.
Y muchas veces nos encontramos con los problemas de duelo en los familiares, porque a lo mejor no es el único familiar que han perdido y no han resuelto bien ese duelo y ahora se enfrentan a uno nuevo.
De esta manera, los encontramos “cara a cara” con la inexorable muerte, que como fenómeno natural, universal y único, es una continuación de la vida y entra entre los temas de reflexión tanto para los pacientes como para el personal sanitario, lo que generalmente es una situación incómoda para ambos. Desde nuestra experiencia en un inicio este encuentro genera cierta ansiedad y deseos de controlar la situación, lo que de igual manera se encuentra en las verbalizaciones de los pacientes, al igual que la frustración e impotencia.
Posteriormente, con el transcurso de la enfermedad nos hemos dado cuenta que representa “un momento único” para la vida de cualquier persona, así como otros momentos de relevancia en la vida de estas personas, y el acompañamiento que podemos proporcionar con una actitud sincera, de cariño, respeto, junto con la atención espiritual y el control de síntomas, constituyen las herramientas que contamos como psicooncólogos para disminuir las angustias tanto de los familiares como de los pacientes.
Las reacciones ante la muerte son muy diferentes de una persona a otra y necesitan diferentes tipos de apoyo. Hemos visto que aceptar una pérdida puede llevar meses e incluso años. Estas respuestas van a depender de la forma en que la persona murió, sea que estuviera sola y sufriera mucho, sea que muriera en paz y rodeada de sus seres queridos. El apoyo psicológico cuando una persona se enfrenta con la muerte de un ser querido puede ayudar a esa persona a hablar sobre lo que ha sucedido, sobre la muerte y sobre los ritos que se practican inmediatamente después y que facilitan su aceptación.
Este último tema, el de la muerte es el que esta de alguna manera presente en el día a día en la planta de oncología, no solo cuando realmente sucede, sino también se presenta en los miedos, angustias tanto de los familiares, de los pacientes y del personal sanitario.
A este respecto, no queremos dejar fuera cierta reflexión realizada por Kübler - Ross en su libro “La rueda de la vida” que llamó poderosamente nuestra atención y que resume de cierta manera nuestra vivencia personal:
“Más adelante alguien me preguntaría qué me habían enseñado de la muerte todos esos moribundos. Primero pensé dar una explicación muy clínica, pero eso no iba conmigo. Mis pacientes moribundos me enseñaron mucho más que lo que es morirse. Me dieron lecciones sobre lo que podrían haber hecho, lo que deberían haber hecho y lo que no hicieron hasta que fue demasiado tarde, hasta que estaban demasiado enfermos o débiles, hasta que ya eran viudos o viudas. Contemplaban su vida pasada y me enseñaban las cosas que tenían sentido, no sobre cómo morir,
sino sobre cómo vivir.”
(Kübler-Ross, E., 1997. La rueda de la vida, p. 201).

jueves, 16 de mayo de 2013

LA HIGIENE DEL SUEÑO


  La higiene del sueño se rige bajo el concepto de la limpieza del entorno en donde se desarrolla nuestro descanso y la forma en que ese lugar puede ser -aunque no lo notemos- responsable de que dormir sea un placer, o de gran parte de nuestros problemas para dormir (insomnio) y sus derivados.
  El insomnio produce además problemas en tus reflejos, problemas de memoria a corto plazo, falta de concentración durante el día y mal genio. Asimismo, se relaciona con el funcionamiento de nuestro reloj biológico, con el funcionamiento del sistema inmunológico, cardiovascular y neurológico.

  Entre algunos consejos para evitar el desarrollo o controlar el insomnio tenemos:
Elige -y mantén- un horario específico para irte a dormir. Tu cuerpo se acostumbrará.
Satisface todas tus necesidades antes de acostarte (ve al baño, evita la sed y el hambre).
Evitar utilizar la cama para otras actividades como comer, trabajar, etc; trata de utilizarla solo para dormir.
Procura conseguir aislarte de los ruidos, aunque en apariencia no te molesten.
Evita ver noticias en la noche, situación que puede alterar tu ritmo de sueño.
Práctica ejercicios de relajación y respiración, como manera de preparación.
Deja tus problemas personales y laborales fuera de tu habitación. Ese es tu santuario, nada puede importunarte.
Duerme con ropa cómoda y adecuada al clima.
Evitar las siestas durante el día, o reducirlas a menos de 30 minutos.
Duerme lo que tu cuerpo necesite. Las famosas “8 horas” son solamente un mito.
No realices ejercicio unas horas antes de irte a dormir, ya que esto te mantendrá activo, procura que existan aproximadamente entre 4 ó 5 horas de separación entre el ejercicio y el sueño.
No consumas café, ni consumas bebidas alcohólicas, ni fumes las horas previas al sueño.
Si pasados diez minutos desde que se metió en la cama con la intención de dormir, no ha logrado conciliar el sueño, levántese y vaya a otra habitación y realice una actividad relajante como leer o escuchar música. Regrese a la habitación sólo cuando note que vuelve a tener sueño.
 
La calidad de nuestras horas de sueño repercute en nuestra calidad de vida

sábado, 23 de junio de 2012

SUPERAR UN TRAUMA

Superar un trauma


Clasificado en: Bitácora del día

Psicología Ante la vivencia de una experiencia traumática (como los accidentes, agresiones sexuales, secuestros, catástrofes naturales), es normal sentirse ansioso, triste y vulnerable. Esta es una reacción adaptativa que tiene como finalidad asimilar los acontecimientos. Con el tiempo estos síntomas comienzan a desvanecerse.



En ocasiones la experiencia es tan abrumadora, inesperada e incontrolable que golpea de manera intensa nuestra seguridad y autoconfianza dando lugar a intensas y crónicas reacciones de vulnerabilidad y temor hacia el entorno.



Aunque no se quiera y se hagan esfuerzos por evitarla, frente a estas situaciones es posible re-experimentar el acontecimiento vivido a través de imágenes, pensamientos y pesadillas que hacen referencia al suceso. También es posible que surjan problemas de atención y memoria, e incluso que se sienta raro: no ha tenido tiempo para aprender a manejar todas estas emociones.



Entre otros síntomas aparecen dificultades para concentrarse, irritabilidad o ira, insomnio, respuesta generalizada de sobresalto, aislamiento social, dificultades en las relaciones interpersonales, reducción del interés en actividades que anteriormente disfrutaba y conflictos familiares.



La evitación de todo aquello que nos recuerde de alguna manera el evento, es una reacción normal, ya que evitar estas situaciones alivia y nos hace sentir mejor, pero a largo plazo puede limitar nuestra vida y agravar el malestar.



Cuando los síntomas afectan nuestra vida en general, estamos ante la presencia del Estrés Postraumático, un trastorno que incluso puede aparecer tardíamente: entre el acontecimiento traumático y el inicio de los síntomas pueden pasar como mínimo seis meses.



Nadie nos ha enseñado cómo reaccionar frente a estos sucesos. A continuación mencionamos algunas sugerencias:



1.- Aceptar nuestras emociones y ser pacientes: Las reacciones y emociones difieren de persona a persona, trate de no juzgarse. Es importante darse tiempo para sanar y llorar las pérdidas, evite forzar y acelerar el proceso de recuperación.



2.- Buscar apoyo social: Trate de pasar más tiempo en compañía de otras personas que le muestren cariño y solidaridad, y con quienes pueda hablar de sus miedos.



3.- Aprenda técnicas de reducción del estrés: El descanso y la relajación le ayudarán a reencontrar el equilibrio necesario. Por ejemplo, técnicas como la respiración, relajación, meditación, escuchar música suave, visualizar un lugar placentero. También, programe tiempo para disfrutar una buena comida, un baño relajante o dar un agradable paseo.



4.- Realice actividades que le hagan sentir útil: Como la situación traumática deja una sensación de vulnerabilidad, es importante volver a retomar las fortalezas y habilidades. Brinde apoyo a alguien cercano que lo necesite, ofrezca su tiempo libre a alguna organización sin fines de lucro.



5.- No intente buscar explicaciones lógicas a lo ocurrido: Estos sucesos son llamados accidentes (mucho de ellos inesperados), por lo cual su ocurrencia es debido al azar y pueden ocurrirle a cualquiera. Evite la culpa.



6.- Trate de retomar su rutina: Intente organizar las actividades para los días próximos. De esta manera disminuye la energía que le presta a la situación traumática, incluso, trate de regularizar los horarios para comer y dormir.



7.- Programe pequeñas metas a corto plazo: Intente planificar sus logros en el día a día, preocuparse por el futuro aumentará su ansiedad. La mayoría de la gente aprende a superar estas situaciones.



Algunas personas pueden necesitar ayuda para elaborar estas situaciones. Solicitar asistencia a un profesional de la salud no supone tener menos habilidades, el apoyo de alguien especializado le ayudará a identificar sus recursos y fomentar un afrontamiento más efectivo y personalizado.



Lic. Liana Pérez

lunes, 30 de abril de 2012

Afrontar una enfermedad


El estrés aparece cuando una persona vive circunstancias difíciles que exceden sus recursos y que amenazan su bienestar, como en el caso de las enfermedades crónicas. El nivel de estrés que se experimenta va a depender de la evaluación que se realice de la situación, lo que involucra: la evaluación de la amenaza; y la evaluación de  lo que se puede hacer y si se cuenta con recursos para afrontar esas amenazas.
Las estrategias de afrontamiento, son esos recursos que ponemos en marcha ante una situación estresante, y pueden ser entendidas como las conductas que usamos para darle solución a los problemas, con el fin de reducir el estado de estrés y encontrar equilibrio.
El afrontamiento ante la pérdida de la salud, expone a la persona ante una situación amenazante, que genera cambios tanto a nivel psicológico, pueden aparecer respuestas de ansiedad y/o depresión; a nivel biológico, por ejemplo puede aparecer fatiga, dolor; a nivel social, aislamiento y pérdida de apoyo.
De acuerdo a Lazarus, (psicólogo estadounidense pionero en el estudio de la emoción y el estrés), existen dos tipos de estrategias que podemos utilizar: dirigidas al problema, ej: búsqueda de soluciones e información; y las estrategias dirigidas a la emoción provocada (ansiedad, depresión y otras): por ejemplo, distanciamiento del problema, relajación, evitar pensar en las dificultades, ver la situación de forma positiva.
Las enfermedades normalmente exigen que utilicemos los dos tipos de estrategias. Lo importante es ser flexibles en el uso e intentar adaptarse a las diferentes situaciones que demanda la enfermedad. Ante tal demanda, exponemos algunos consejos prácticos con la finalidad de promover un afrontamiento efectivo:
  • Expresar las emociones: El miedo, rabia, tristeza, incertidumbre y culpabilidad son emociones que pueden estar presentes, mantenerlas dentro de nosotros no sirve de nada, pero hablar acerca de ellas nos ayuda a identificarlas, aceptarlas y superarlas. También escribirlas en un diario puede ser de utilidad.
  • Evaluar los pensamientos: El estado de ánimo van a depender de cómo pensamos e interpretamos los acontecimientos. El diálogo con nosotros mismo puede ayudar a desahogarnos, pero también nos ayuda a modular nuestros pensamientos y ajustarnos a la situación. Ante una situación difícil decirnos: “lo superaré, ya lo he resuelto otra veces, cada vez son más eficaces los tratamientos”, va a tener un impacto emocional diferente a si nos dejamos llevar por el fatalismo.
  • No te compares: Cada uno de nosotros tendrá una manera de afrontar y vivir el duelo por la pérdida de la salud, reaccionar ante los efectos secundarios del tratamiento y sus secuelas. Compararnos puede generar mayor culpa, por lo que es necesario darnos el tiempo necesario para digerir los sucesos.
  • Realiza actividades gratificantes: Mantener presente cuales son las actividades que disfrutamos según nuestros valores, si es importante para nosotros pasar tiempo con nosotros mismos, la familia y amigos, no olvidarlo, ya que la enfermedad no es la única área de nuestra vida y ello facilitará nuestro bienestar tanto emocional como físico.
  • Consulte las dudas con su médico: Para ayudar a promover en usted una mayor sensación de control con respecto a la situación actual, realice una lista de preguntas antes de asistir a la consulta médica. Trate de que esas preguntas sean cortas y directas, y de ser necesario tome notas durante la entrevista.
  • Promueva cambios en su estilo de vida: Cuidar la alimentación, realizar ejercicio físico de manera regular, no fumar ni beber alcohol en exceso, esto ayuda a controlar el estrés.
  • Regular la ansiedad: Hay situaciones que salen fuera de nuestro control, pero el identificarlas y regular nuestras emociones puede promover un afrontamiento más eficaz: Detecta la situación, define que puedes hacer para solucionarla y actúa.
  • Mantener contacto con los otros: Pedir apoyo cuando lo necesitemos a nuestros familiares y amigos; y mantener abierta la posibilidad de solicitar ayuda psicológica cuando sea necesario.
 Estos consejos ayudarán a sentirnos parte de nuestro propio tratamiento, y así incrementar la sensación de control y por ende nuestro bienestar.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El curador herido


Es de importancia generar un proceso de auto-reflexión en el transcurso del camino de la ayuda a otros. Nosotros quienes estamos inmersos en esta profesión, aunque no sólo los psicólogos sino también los médicos, enfermeras, trabajadores sociales, docentes hospitalarios y todo personal que se encuentre laborando con y para quienes se encuentran en situaciones de enfermedad e incapacidad tanto física como emocional, que les toca transitar por ese duro momento vital al cual es posible que a todos nos toque de alguna manera vivir.
En esta búsqueda de respuestas, me he encontrado con variados textos que humanizan la relación de ayuda y en lugar de menospreciar nuestra propia vulnerabilidad, la integran dentro de un proceso de autoconocimiento.
Así, Brusco (1999) señala acerca de nuestras heridas, “que es el precio inevitable pagado a la existencia en un ambiente vulnerable, mientras que la curación es el proceso necesario de la vida que se renueva. El arquetipo del curador herido comporta que, ante una persona que sufre, los terapeutas del cuerpo, de la psique y del espíritu no sólo deben activar su poder de curación, sino tomar conciencia también de sus propias heridas y comprometerse en un proceso de auto-terapia.”
De esta manera, nuestras heridas pueden servirnos para tomar conciencia de la propia finitud, limitaciones y también para elaborar duelos, rupturas. Como señala Jaime Sanz Ortiz, la biografía de todos está plagada de una cantidad de pérdidas, que nos recuerdan la precariedad y provisionalidad de todo vínculo y de toda realidad.
Los duelos, las pérdidas, las limitaciones están presentes para todos y de alguna manera transformar ello en una enseñanza vital es tarea fundamental de quienes se aproximan a otros en condiciones adversas.
Este arquetipo o figura presente en el inconsciente colectivo y aparece en múltiples pasajes antiguos que sin importar nuestra creencia religiosa, podemos tomar como imagen propia.
Así tenemos el arquetipo de Quirón:
Quirón fue médico y cirujano. Sabía de música, del arte de la guerra, la caza y la moral. Es el padre de Hippo y de Thea.
Hippo vaticinó que su padre, renunciaría a su condición divina de inmortal; dicha profecía se cumplió cuando, Hércules durante la batalla en contra de los otros centauros, accidentalmente hirió a Quirón, que estaba de parte de él, pero como las flechas estaban envenenadas con la sangre de Hidra no había antídoto, aunque Quirón trató de curar su herida no le fue posible.
La herida era muy dolorosa y no podía curársela, a pesar de que Quirón era un gran sanador. El problema era que no podía morir a causa de su herida porque era inmortal; pero tampoco podía curarse. Sufría mucho porque nadie podía sanarle la herida y no podía morir, no tenía ni siquiera la esperanza de que algún día cesase su dolor con el descanso de la muerte.
Condenado a un dolor eterno. Él podía haberse amargado haciendo aún más penoso su dolor; también podía haberse entretenido con inútiles lamentaciones o dirigir su dolor y su rabia a los demás; pero no hizo eso sino que su dolor le hizo más sabio aún, le hizo aprender mucho más sobre la naturaleza del dolor, y eso le convirtió en el más grande de los sanadores de la mitología. Entonces Hércules se propuso encontrar a la Muert para liberarle. Así, encontró a Prometeo, un Titán encadenado al Cáucaso por Zeures. Cada día, un águila devoraría su hígado, que luego volvería a crecer, así hasta que alguien se apiadase de él y aceptase morir en su lugar. Quirón tomó su lugar, muriendo y liberano a Prometeo. Como recompensa por su trayectoria, Zeus colocó a Quirón en los cielos como la constelación de Sagitario.
También, el libro de Isaías presenta al siervo de Yahvé como aquel que salva a la humanidad a través de sus pr3,3). Sobre la base de estos datos, Jung habla del sanador herido como un arquetipo, es decir, una potencialidad innata de comportamiento presente en el hombre, constituida por dos polos: la herida y la curación.
Nosotros sólo al darnos cuenta de nuestras propias heridas podemos activar nuestra dimensión de curación, tanto en un proceso interno como de ayuda a quienes lo solicitan. Al trabajar las despedidas, la soledad, limitaciones espirituales, físicas y emocionales, podremos identificarlas en el otro y apreciar el ritmo de cada quien para ser curado, lo cual ayuda a respetar y a comprender de manera empática e incondicional.
El mito de Ícaro, que hace alusión al deseo de superación que engendramos cada uno de nosotros en nuestros corazones, también nos recuerda esto:
Ícaro es su búsqueda de libertad corría muchos riesgos, más allá de sus propias limitaciones. Si él volaba muy bajo, la espuma del mar podría mojar sus alas y sería incapaz de volar nuevamente, y si lo hacía demasiado alto, el calor del sol derretiría la cera que mantenía unida sus alas y caería. Y a pesar de las advertencias de su padre Dédalo, él ascendió demasiado alto, sin ajustar los objetivos a sus recursos y limitaciones.
Para una buena práctica en la relación de ayuda es necesaria la autorreflexión, evitar el bloqueo emocional de nuestra propia oscuridad, sino trabajar en la misma para convertirla en luz para nosotros mismos y para los otros.
Bibliografía:
Brusco, A. (1999) Humanización de la asistencia al enfermo. Editorial Sal Terrae.
Bermejo, C. (2009) Acompañamiento espiritual

domingo, 11 de marzo de 2012

Ser positivos ante la adversidad


Película sumamente recomendada, basada en hechos reales sobre un aristócrata herido en un accidente y un joven de los suburbios de París que le devuelve las ganas de vivir.

martes, 10 de mayo de 2011

La Ansiedad

Artículo Publicado en la Revista: Bitácora Médica. 
Llamamos ansiedad normal a un conjunto de emociones y manifestaciones físicas, que se producen de forma automática y sin control voluntario, cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas, o de exigencia. La “ansiedad normal” nos ayuda a adaptarnos a estas situaciones de manera tal que podamos obtener la respuesta más adecuada para las mismas. En este sentido, es beneficiosa, ya que nos permite alcanzar mejor los objetivos que nos planteamos en la vida.
De esta manera, esta respuesta al estrés en sí misma no es nociva, pero sin embargo, cuando los síntomas ansiosos se vuelven excesivos y difíciles de controlar, pueden llegar al punto de interferir seriamente en nuestras actividades diarias (trabajo, vida social, de pareja, etc.). En este caso estamos en presencia de un cuadro de “ansiedad patológica”, que suele necesitar tratamiento médico y psicológico para su resolución.

En la ansiedad encontramos síntomas a cuatro niveles:
1.- Cognitivo: miedo, irritabilidad, agobio, insomnio, etc…
2.- Motor: temblor, tensión muscular, etc…
3.- Vegetativo: palpitaciones, sudoración, nauseas, etc.
4.- Conductual: evitación de determinadas situaciones o soportar la situación sin hacer nada.

Al hablar de ansiedad, no solo debemos tomar en cuenta el estímulo que la genera, sino también otras variables personales, con respecto a la emisión de respuestas inadecuadas ante la situación de demanda, por:
1. Bien porque no se posee de un repertorio de estrategias,
2. Bien porque estas estrategias son inhibidas por las emociones,
3.  Bien porque existen obstáculos en la emisión de estas conductas,
4.  Bien porque aún disponiendo de las estrategias, no las ponemos en marcha en el momento adecuado.

De esta manera, presentamos un cuadro resumen con la finalidad de diferenciar los tipos de ansiedad:


Ansiedad Normal Ansiedad Patológica
Características generales Episodios poco frecuentes.  Intensidad leve o media.
Duración limitada.
Episodios repetidos.  Intensidad alta.
Duración prolongada.
Situación o estímulo causante Reacción esperable y común a la de otras personas.   Reacción desproporcionada.
Grado de sufrimiento Limitado  y transitorio Alto y duradero
Grado de interferencia en la vida cotidiana. Ausente o ligero Profundo.

Es importante entender la ansiedad como un sentimiento normal ante deter­minadas situaciones y que solo cuando sobrepasa ciertos límites o la capaci­dad adaptativa del individuo es cuando se convierte en patológica.

La situación de enfermedad, las hospitalizaciones, las intervenciones quirúrgicas; así como determinados problemas de la vida diaria, generan en la persona un estado  de ansiedad.

La ansiedad con respecto a condiciones médicas, puede influir en los siguientes aspectos:
1. Interfiriendo en el curso de la enfermedad (en su curso, desarrollo, agravamiento o en la recuperación),
2. Interfiriendo en el tratamiento médico,
3. Incrementando respuestas que afectan negativamente el estado de salud (fumar, consumir alcohol, disminuir práctica de ejercicio),
4.  Siendo un factor de riesgo adicional para la salud (por ejemplo, enfermedades cardiovasculares).

De forma general, las técnicas y recursos psicológicos que se expondrán tiene como finalidad, proveer recursos para hacer frente a las situaciones que nos generan ansiedad, entrenando en habilidades que nos permitan manejarla adecuadamente.
Entre las técnicas para manejar la ansiedad tenemos:
1.- Relajación muscular progresiva.
2.- Respiración abdominal lenta.
3.- Terapia por visualización.
Dra. Liana Pérez

martes, 22 de marzo de 2011

sábado, 5 de marzo de 2011

Coping with Grief and Loss: Support for Grieving and Bereavement

Coping with Grief and Loss: Support for Grieving and Bereavement

Coping with Grief and Loss

Support for Grieving and Bereavement


Coping with Loss: Guide to Grieving and Bereavement

Losing someone or something you love is very painful. After a significant loss, you may experience all kinds of difficult and surprising emotions, such as shock, anger, and guilt. Sometimes it may feel like the sadness will never let up. While these feelings can be frightening and overwhelming, they are normal reactions to loss. Accepting them as part of the grieving process and allowing yourself to feel what you feel is necessary for healing.

There is no right or wrong way to grieve — but there are healthy ways to cope with the pain. You can get through it! Grief that is expressed and experienced has a potential for healing that eventually can strengthen and enrich life.

What is grief?

Grief is a natural response to loss. It’s the emotional suffering you feel when something or someone you love is taken away. You may associate grief with the death of a loved one – and this type of loss does often cause the most intense grief. But any loss can cause grief, including:

  • A relationship breakup
  • Loss of health
  • Losing a job
  • Loss of financial stability
  • A miscarriage
  • Death of a pet
  • Loss of a cherished dream
  • A loved one’s serious illness
  • Loss of a friendship
  • Loss of safety after a trauma

The more significant the loss, the more intense the grief. However, even subtle losses can lead to grief. For example, you might experience grief after moving away from home, graduating from college, changing jobs, selling your family home, or retiring from a career you loved.

Everyone grieves differently

Grieving is a personal and highly individual experience. How you grieve depends on many factors, including your personality and coping style, your life experience, your faith, and the nature of the loss. The grieving process takes time. Healing happens gradually; it can’t be forced or hurried – and there is no “normal” timetable for grieving. Some people start to feel better in weeks or months. For others, the grieving process is measured in years. Whatever your grief experience, it’s important to be patient with yourself and allow the process to naturally unfold.

Myths and Facts About Grief

MYTH: The pain will go away faster if you ignore it.

Fact: Trying to ignore your pain or keep it from surfacing will only make it worse in the long run. For real healing it is necessary to face your grief and actively deal with it.

MYTH: It’s important to be “be strong” in the face of loss.

Fact: Feeling sad, frightened, or lonely is a normal reaction to loss. Crying doesn’t mean you are weak. You don’t need to “protect” your family or friends by putting on a brave front. Showing your true feelings can help them and you.

MYTH: If you don’t cry, it means you aren’t sorry about the loss.

Fact: Crying is a normal response to sadness, but it’s not the only one. Those who don’t cry may feel the pain just as deeply as others. They may simply have other ways of showing it.

MYTH: Grief should last about a year.

Fact: There is no right or wrong time frame for grieving. How long it takes can differ from person to person.

Source: Center for Grief and Healing

Are there stages of grief?

In 1969, psychiatrist Elisabeth Kübler-Ross introduced what became known as the “five stages of grief.” These stages of grief were based on her studies of the feelings of patients facing terminal illness, but many people have generalized them to other types of negative life changes and losses, such as the death of a loved one or a break-up.

The five stages of grief:

  • Denial: “This can’t be happening to me.”

  • Anger:Why is this happening? Who is to blame?”

  • Bargaining: “Make this not happen, and in return I will ____.”

  • Depression: “I’m too sad to do anything.”

  • Acceptance: “I’m at peace with what happened.”

If you are experiencing any of these emotions following a loss, it may help to know that your reaction is natural and that you’ll heal in time. However, not everyone who is grieving goes through all of these stages – and that’s okay. Contrary to popular belief, you do not have to go through each stage in order to heal. In fact, some people resolve their grief without going through any of these stages. And if you do go through these stages of grief, you probably won’t experience them in a neat, sequential order, so don’t worry about what you “should” be feeling or which stage you’re supposed to be in.

Kübler-Ross herself never intended for these stages to be a rigid framework that applies to everyone who mourns. In her last book before her death in 2004, she said of the five stages of grief, “They were never meant to help tuck messy emotions into neat packages. They are responses to loss that many people have, but there is not a typical response to loss, as there is no typical loss. Our grieving is as individual as our lives.”

Grief is a roller coaster, not a series of stages

It is best not to think of grief as a series of stages. Rather, we might think of the grieving process as a roller coaster, full of ups and downs, highs and lows. Like many roller coasters, the ride tends to be rougher in the beginning, the lows may be deeper and longer. The difficult periods should become less intense and shorter as time goes by, but it takes time to work through a loss. Even years after a loss, especially at special events such as a family wedding or the birth of a child, we may still experience a strong sense of grief.

Source: Hospice Foundation of America

Common symptoms of grief

While loss affects people in different ways, many people experience the following symptoms when they’re grieving. Just remember that almost anything that you experience in the early stages of grief is normal – including feeling like you’re going crazy, feeling like you’re in a bad dream, or questioning your religious beliefs.

  • Shock and disbelief – Right after a loss, it can be hard to accept what happened. You may feel numb, have trouble believing that the loss really happened, or even deny the truth. If someone you love has died, you may keep expecting them to show up, even though you know they’re gone.

  • Sadness – Profound sadness is probably the most universally experienced symptom of grief. You may have feelings of emptiness, despair, yearning, or deep loneliness. You may also cry a lot or feel emotionally unstable.

  • Guilt – You may regret or feel guilty about things you did or didn’t say or do. You may also feel guilty about certain feelings (e.g. feeling relieved when the person died after a long, difficult illness). After a death, you may even feel guilty for not doing something to prevent the death, even if there was nothing more you could have done.

  • Anger – Even if the loss was nobody’s fault, you may feel angry and resentful. If you lost a loved one, you may be angry at yourself, God, the doctors, or even the person who died for abandoning you. You may feel the need to blame someone for the injustice that was done to you.

  • Fear – A significant loss can trigger a host of worries and fears. You may feel anxious, helpless, or insecure. You may even have panic attacks. The death of a loved one can trigger fears about your own mortality, of facing life without that person, or the responsibilities you now face alone.

  • Physical symptoms – We often think of grief as a strictly emotional process, but grief often involves physical problems, including fatigue, nausea, lowered immunity, weight loss or weight gain, aches and pains, and insomnia.

Coping with grief and loss tip 1: Get support

The single most important factor in healing from loss is having the support of other people. Even if you aren’t comfortable talking about your feelings under normal circumstances, it’s important to express them when you’re grieving. Sharing your loss makes the burden of grief easier to carry. Wherever the support comes from, accept it and do not grieve alone. Connecting to others will help you heal.

Finding support after a loss

  • Turn to friends and family members – Now is the time to lean on the people who care about you, even if you take pride in being strong and self-sufficient. Draw loved ones close, rather than avoiding them, and accept the assistance that’s offered. Oftentimes, people want to help but don’t know how, so tell them what you need – whether it’s a shoulder to cry on or help with funeral arrangements.

  • Draw comfort from your faith – If you follow a religious tradition, embrace the comfort its mourning rituals can provide. Spiritual activities that are meaningful to you – such as praying, meditating, or going to church – can offer solace. If you’re questioning your faith in the wake of the loss, talk to a clergy member or others in your religious community.

  • Join a support group – Grief can feel very lonely, even when you have loved ones around. Sharing your sorrow with others who have experienced similar losses can help. To find a bereavement support group in your area, contact local hospitals, hospices, funeral homes, and counseling centers.

  • Talk to a therapist or grief counselor – If your grief feels like too much to bear, call a mental health professional with experience in grief counseling. An experienced therapist can help you work through intense emotions and overcome obstacles to your grieving.

How to support a grieving personHow to support a grieving person

If someone you care about has suffered a loss, you can help them heal by asking about their feelings, spending time just being with them, and listening when they want to talk.

Read: Helping and Supporting Someone Who Is Grieving

Coping with grief and loss tip 2: Take care of yourself

When you’re grieving, it’s more important than ever to take care of yourself. The stress of a major loss can quickly deplete your energy and emotional reserves. Looking after your physical and emotional needs will help you get through this difficult time.

  • Face your feelings. You can try to suppress your grief, but you can’t avoid it forever. In order to heal, you have to acknowledge the pain. Trying to avoid feelings of sadness and loss only prolongs the grieving process. Unresolved grief can also lead to complications such as depression, anxiety, substance abuse, and health problems.

  • Express your feelings in a tangible or creative way. Write about your loss in a journal. If you’ve lost a loved one, write a letter saying the things you never got to say; make a scrapbook or photo album celebrating the person’s life; or get involved in a cause or organization that was important to him or her.

  • Look after your physical health. The mind and body are connected. When you feel good physically, you’ll also feel better emotionally. Combat stress and fatigue by getting enough sleep, eating right, and exercising. Don’t use alcohol or drugs to numb the pain of grief or lift your mood artificially.

  • Don’t let anyone tell you how to feel, and don’t tell yourself how to feel either. Your grief is your own, and no one else can tell you when it’s time to “move on” or “get over it.” Let yourself feel whatever you feel without embarrassment or judgment. It’s okay to be angry, to yell at the heavens, to cry or not to cry. It’s also okay to laugh, to find moments of joy, and to let go when you’re ready.

  • Plan ahead for grief “triggers”. Anniversaries, holidays, and milestones can reawaken memories and feelings. Be prepared for an emotional wallop, and know that it’s completely normal. If you’re sharing a holiday or lifecycle event with other relatives, talk to them ahead of time about their expectations and agree on strategies to honor the person you loved.

When grief doesn’t go away

It’s normal to feel sad, numb, or angry following a loss. But as time passes, these emotions should become less intense as you accept the loss and start to move forward. If you aren’t feeling better over time, or your grief is getting worse, it may be a sign that your grief has developed into a more serious problem, such as complicated grief or major depression.

Complicated grief

The sadness of losing someone you love never goes away completely, but it shouldn’t remain center stage. If the pain of the loss is so constant and severe that it keeps you from resuming your life, you may be suffering from a condition known as complicated grief. Complicated grief is like being stuck in an intense state of mourning. You may have trouble accepting the death long after it has occurred or be so preoccupied with the person who died that it disrupts your daily routine and undermines your other relationships.

Symptoms of complicated grief include:

  • Intense longing and yearning for the deceased
  • Intrusive thoughts or images of your loved one
  • Denial of the death or sense of disbelief
  • Imagining that your loved one is alive
  • Searching for the person in familiar places
  • Avoiding things that remind you of your loved one
  • Extreme anger or bitterness over the loss
  • Feeling that life is empty or meaningless

The difference between grief and depression

Distinguishing between grief and clinical depression isn’t always easy, since they share many symptoms. However, there are ways to tell the difference. Remember, grief is a roller coaster. It involves a wide variety of emotions and a mix of good and bad days. Even when you’re in the middle of the grieving process, you will have moments of pleasure or happiness. With depression, on the other hand, the feelings of emptiness and despair are constant.

Other symptoms that suggest depression, not just grief:

  • Intense, pervasive sense of guilt.
  • Thoughts of suicide or a preoccupation with dying.
  • Feelings of hopelessness or worthlessness.
  • Slow speech and body movements
  • Inability to function at work, home, and/or school.
  • Seeing or hearing things that aren’t there.

To learn more about the signs and symptoms of clinical depression, see Understanding Depression.

Can antidepressants help grief?

As a general rule, normal grief does not warrant the use of antidepressants. While medication may relieve some of the symptoms of grief, it cannot treat the cause, which is the loss itself. Furthermore, by numbing the pain that must be worked through eventually, antidepressants delay the mourning process.

When to seek professional help for grief

If you recognize any of the above symptoms of complicated grief or clinical depression, talk to a mental health professional right away. Left untreated, complicated grief and depression can lead to significant emotional damage, life-threatening health problems, and even suicide. But treatment can help you get better.

Contact a grief counselor or professional therapist if you:

  • Feel like life isn’t worth living
  • Wish you had died with your loved one
  • Blame yourself for the loss or for failing to prevent it
  • Feel numb and disconnected from others for more than a few weeks
  • Are having difficulty trusting others since your loss
  • Are unable to perform your normal daily activities

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Related links for coping with grief and loss

General information about grief and loss

The Grieving Process – Provides helpful handouts on the grieving process, including the stages of grief, how to take care of yourself, and the different ways people react to loss. (Hospice of the North Shore)

Life after Loss: Dealing with Grief – Guide to coping with grief and loss, including normal grief reactions to expect. (University of Texas Counseling and Mental Health Center)

Grief Support – Provides insights into grieving and the grief process. A companion page contains detailed information about children’s grief. (Australian Centre for Grief and Bereavement)

Death and Grief – Article for teens on how to cope with grief and loss. Includes tips for dealing with the pain and taking care of yourself during the grieving process. (Nemours Foundation)

Death of a loved one

Grief: Coping With Reminders After a Loss – Tips for coping with the grief that can resurface even years after you’ve lost a loved one. (Mayo Clinic)

Healing Steps – Advice on how to heal after the death of a loved one, including the rituals that can help and things you can do to keep memories alive. (California Home Care & Hospice, Inc.)

On Being Alone: A Guide for the Newly Widowed – A comprehensive series of articles on grief and loss offering practical, as well as psychological advice. (AARP)

Support for grief and loss

GriefNet.org – Online support community for people dealing with grief, death, and major loss, with over fifty monitored support groups for both kids and adults.

Compassionate Friends - National, self-help organization for those grieving the loss of a child. Includes a Chapter Locator and supportive online brochures on various aspects of grief.

Stages of grief

The Kübler-Ross grief cycle – Details each stage as it applies to persons facing death or other negative life change. Note that the cycle as presented includes seven stages, including initial shock. (ChangingMinds.org)

What is Grief? – Lays out general stages of grief with tips for helping someone who is grieving. (University of Illinois Counseling Center)

Complicated grief and depression

Major Depression and Complicated Grief – Lists the warning signs and symptoms that suggest grief has progressed to major depression or complicated grief. (American Cancer Society)

Complicated Grief – Learn the difference between the normal grief reaction and complicated grief. Includes information about symptoms, risk factors, and treatment. (Harvard Medical School Family Health Guide)

Grief after suicide

Grief after Suicide - Survivors of suicide and their friends can help each other and themselves by gaining an understanding of grief after suicide. (Canadian Mental Health Association)

Grief after Suicide Understanding your emotions, as well as suicide in general, may ease your grieving after suicide. (Buddha Dharma Education Association)

Melinda Smith, M.A., Ellen Jaffe–Gill, M.A., and Jeanne Segal, Ph.D., contributed to this article. Last modified: November 2010